Yo, la perfecta

Yo, la perfecta

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Estas mujeres no logran ver o admitir sus propios errores. Se suben al pedestal y fácilmente culpan a los demás por sus fallas. Cuando las ven mal, afirman que la culpa es de quien la observa. Si una publicación ajena en las redes sociales tiene más comentarios o “me gusta” que las suyas, buscan cualquier defecto para atacar a la persona en cuestión.

Los ejemplos arriba citados forman parte de la rutina de muchas socias del club “Me creo la mejor”. Gustarse es necesario, pero pasar los límites y rozar la exageración es algo peligroso.

En una época en la que la autoestima elevada llega a ser motivo de admiración, psicólogos de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, alertan que, en exceso, esa cualidad es tan perjudicial como cuando no se la tiene. En un estudio publicado en el Journal of Personality, los investigadores observaron que, en cualquiera de los dos extremos, los resultados fueron semejantes cuando los individuos fueron sometidos a críticas sobre su comportamiento, mostrando principalmente una defensa verbal exacerbada y una tendencia a culpar a los demás por sus propios errores.

Los autores concluyeron que la búsqueda de una imagen propia positiva es válida, siempre y cuando no perjudique el ejercicio de la autocrítica, algo esencial para todos.

“Para una buena convivencia con las personas, es necesario tener actitudes saludables. No puede haber complejo de inferioridad ni de superioridad. Los errores basados en esos extremos deben ser corregidos antes que causen perjuicios irreparables”, afirma la columnista Nubia Siqueira.

Ella apunta también que la baja autoestima hace que la mujer se sienta inferior. “Es común encontrar mujeres con la autoestima por el piso. Nunca se sienten lo suficientemente buenas. Todo depende de cómo se ven a sí mismas”, recuerda.

Para finalizar, vale citar al autor Bruno Érnica: “Pensar que todo lo que dicen, comentan y susurran es sobre usted es imaginar que Dios creó al mundo solamente para que usted pueda existir. Las personas no tienen tiempo para ponerse a pensar por qué usted ríe de forma extraña o de ver si tiene una ceja más arriba que la otra. Su ombligo no es el centro del mundo”.

sermujer02-2015