“Vencimos la adversidad”

“Vencimos la adversidad”

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Cintia y Gastón vivieron un infierno, estaban en la miseria debido a los vicios de él. “Mi esposo consumía cocaína y pasta base, su adicción era tan grande que nos dejaba y se iba. Nosotros no teníamos para comer, no teníamos nada, no sabía qué darle de comer a mis cuatro hijos. Él me decía que iba a buscar dinero para darnos de comer, que a tal hora iba a volver, pero se iba y no volvía. Pasaba una semana y él recién regresaba a casa. Mi hijo, que en ese momento tenía 9 años, estaba enfermo de HIV, fue lo peor que nos podía pasar. Cuando yo llevé a mi hijo al hospital la doctora me dijo que mi hijo tenía HIV, fue muy fuerte para mí, me causó mucho dolor”, recuerda Cintia y destaca que quería terminar con su vida porque no soportaba vivir así.

No tenían nada, no tenían trabajo y dependían de los demás. En ese momento la invitan a la Universal, al ir descubrió que había una salida. “En el año 2012 el obispo había hecho una Concentración de fe y milagros, creí que mi vida, que mi familia iba a ser transformada, que la miseria iba a desaparecer. Mi hijo estaba enfermo, no podía caminar bien porque tenía un dolor en el estómago y el obispo determinó que mi hijo sería sanado. Ese día fue como si una mochila pesada saliera de mí.

Mi hijo fue curado de HIV, los estudios médicos lo demuestran. No se detecta el virus, está sanado completamente. El 1 de marzo del 2016 en el Hospital Muñiz le hicieron los últimos estudios y la carga viral no se detecta. Hoy en día en mi casa hay paz, somos felices, podemos compartir buenos momentos. La miseria se fue de nuestra vida, nosotros alquilábamos y muchas veces no teníamos ni las condiciones para pagar el alquiler y ahora tenemos nuestra casa y seis departamentos. Con mi esposo trabajamos juntos y estamos prosperando”, afirma sonriendo.

Gastón agrega “Hoy, gracias a Dios estoy libre del vicio, de la mala junta, de la delincuencia, hoy duermo tranquilo, estoy con mi familia”. Su matrimonio fue restaurado, su comunicación mejoró, comenzaron a tener diálogo y aprendieron a luchar juntos para concretar proyectos.

Mauro, su hijo, destaca que ahora puede llevar una vida normal. Antes estaba muy débil y se sentía mal de solo caminar. “Ahora llevo una vida normal, puedo correr, camino, tengo salud completa”, afirma sonriendo.