¿Vamos a jugar de verdad?

¿Vamos a jugar de verdad?

Por

Mucha gente critica, algunas veces con razón, que la niñez de hoy se pasa entre juegos, que en su gran mayoría, son virtuales. Muchos sólo quieren videojuegos y computadoras. Pero seamos justos, algunos niños nunca tuvieron contacto con otras formas de diversión, como si la tuvieron sus padres y abuelos.

Del Balero y otros juegos de antaño                                                                                                                                  

El balero, las bolitas y el yo-yo, entre otros, fue uno de los juegos más populares entre los niños de otra época. Se jugaron en la Argentina y en toda América. Sus antecedentes son remotos y desde siempre hicieron las delicias de los chicos de todo el mundo. Con el yo-yo, la creatividad del buen usuario lograba maravillas: vuelta al mundo, patito, de cadete, a dos yoyó. etcétera. Hace un par de décadas, los fabricantes de los Russel trataron de resucitar la afición con apariciones en TV y con giras de avezados profesionales. Los chicos dijeron “no”, o “ya fue”.

La soga y las escondidas 

Saltar la soga ha sobrevivido como training útil para chicas y boxeadores, pero su imagen como juego de patios, parques y veredas se ha ido destiñendo hasta casi esfumarse. Las niñas las preferían para hacer gala de precisión y resistencia solas, a dúo, o en coros innumerables. Siempre era importante entrar y salir a tiempo. También estaba la opción competitiva del saltito. Se ponía cada vez más alto el nivel de la soga. Hasta que llegaba el miedo inhibidor o un raro y didáctico porrazo.

Las escondidas, los escenarios y los jugadores podían ser inquietantes, sobre todo si se compartía el escondite. El sacrificado buscador, que concedía a ojos cerrados huida y opción a refugio, podía ser victorioso o derrotado, según regresara antes o después que el prófugo tras anunciarle ,”piedra libre”. En fin. una competencia de cautela, velocidad y llegada a tiempo. Según se mire, parecida a la del béisbol, pero más compleja. 

Y la lista continua… El elástico donde participaban al menos tres personas, cuyo objetivo era no engancharse ni tropezar porque el error costaba perder el turno. La rayuela, el barrilete, la mancha, las estatuas, Martín pescador, el gallo ciego, las carreras de embolsados y quién no recuerda haber quedado con sus manos coloradas después de tirar tanto de la soga queriendo ganarle al otro equipo.

Aquí cabe comentar también acerca de los juguetes sin valor en metálico pero entrañables como la pelota de trapo o simplemente de papel, que fue el más clásico. Un palo de escoba podía tornarse caballo, espada o bate para el sub-beisbol. De una hoja de papel se obtenían en segundos un barco o un avión. Las niñas, con banquetas o sillas y alguna manta, inventaban desde mantillas hasta vagones. Piedritas o carozos servían para jugar a la payana o dinenti; botones, carreteles o lápices brotaban variantes del trompo, el metegol o el yoyó. Un cañito era ya una cerbatana, los elásticos valían para honda temible o sereno rompecabezas, las tapitas de bebidas para mil otros ingenios.

 

Los juegos de antes, más saludables que los de ahora

Estas son las conclusiones del II Sondeo de Opinión sobre Hábitos de Estilos de Vida Saludables elaborado por la Fundación Alimentum, cuya intención es conocer la percepción de los padres sobre la importancia de la práctica de ejercicio físico y la alimentación equilibrada en la población infantil.

Los padres hoy estarían muy consientes sobre la importancia del ejercicio físico para la salud, un 48% afirma que sus hijos no llegan a realizar una hora de actividad física diaria. La mayor parte de padres considera que la etapa en la que más actividad física han realizado sus hijos se corresponde con el periodo de la educación primaria; y un 39% señala como el principal motivo por el que han reducido la práctica de ejercicio físico el acceso a fórmulas de ocio pasivo.

Según esta investigación, el 97% de padres considera muy importante o importante que sus hijos realicen diariamente ejercicio físico, pero 4 de cada 10 reconocen que sus vástagos no lo llevan a la práctica. Este dato está muy alejado de las recomendaciones de las instituciones europeas y americanas de referencia, que estiman en una hora el tiempo diario necesario de niños y adolescentes para lograr beneficios para la salud y prevenir y combatir los efectos negativos del sedentarismo.

A este respecto, 6 de cada 10 padres, considera que los juegos de su infancia eran más saludables que las fórmulas de entretenimiento de los niños de hoy. Para la profesora y doctora Marcela González-Gross, la práctica regular de actividad física aporta, junto a la prevención de este aumento del sobrepeso y la obesidad y asegura también que el ejercicio físico “ayuda a mantener hábitos saludables y a prevenir otros nocivos”.

Antes que el boom consumista de los juegos electrónicos, los chicos eran bastante creativos como para entretenerse casi sin otro costo que el de su energía y su instinto social; las reglas de cada juego servían para aprendizaje de legislación y ejercicio de derechos y obligaciones; las discusiones y hasta las rencillas enseñaban lo frágil de toda unanimidad. Y en cuanto a lo que hoy tenemos por estimulación de la inteligencia, los juegos del pasado no andaban tan mal. Al fin y al cabo, Colón y Galileo, Einstein y Borges no se formaron apretando mouses. Ni siquiera, quizás, el propio Bill Gates.