Una pareja congela cerebro de su hija muerta creyendo que volverá a vivir

Una pareja congela cerebro de su hija muerta creyendo que volverá a vivir

Por

¿Cuál sería su reacción al perder a un ser querido? ¿Usted congelaría el cuerpo de alguien que ama esperando que un día esa persona vuelva a vivir? Una pareja de filipinos hizo eso con el cerebro de la hija, que murió en las vísperas de cumplir 3 años de edad. Ella tenía un tumor raro en el cerebro y no resistió al tratamiento.

10411209_1525332387710397_183376590549811781_n.690x460

Los padres de Einz, como la niña era llamada cariñosamente, son ingenieros biomédicos y recurrieron a la criogenia (técnica de congelamiento profundo por tiempo indeterminado) para preservar el cerebro en el estado en el que estaba luego de su muerte, en la esperanza de que un día renacerá.

Ellos creen que los pensamientos y la personalidad de Einz también serán preservados y que eso será suficiente para que su vida sea reconstruida. De alguna manera eso es lo que parece darles consuelo delante del dolor por la pérdida de quien aún tanto aman.

Confianza en Dios

Delante de la muerte de un ser querido, no podemos dejarnos tomar por un sentimiento que domine la razón, pues a través de ella tenemos el entendimiento de lo que necesitamos para seguir adelante. «El Espíritu Santo no trae tan solo ideas, sabiduría, fuerza y coraje, Él también consuela, es sobrenatural, mayor de lo que podamos imaginar», destaca el obispo Edir Macedo.

El obispo Marcio Carotti enfrentó una situación de pérdida siendo muy joven, cuando era pastor auxiliar en la Universal, a los 17 años de edad. Sus padres murieron en un accidente vehicular. En la ocasión, él tuvo una reacción que ni todos comprendieron, incluso los familiares. Carotti no se desesperó. En aquel momento, él recibió el Espíritu de Dios.

«Yo no lloré. Algo me decía que esté tranquilo. El sufrimiento no traería a mis padres nuevamente. La pérdida de un familiar es terrible, dolorosa, pero yo confiaba en Dios y la paz que yo sentía era mayor que la pérdida. Enterré a mis padres a las 3 de la tarde y a la noche fui a hacer la reunión en la iglesia», cuenta.

Según el obispo, es natural que la sociedad asocie una pérdida al sufrimiento. Pero él refuerza que la confianza en Dios es lo que fortalece. «La reacción natural del ser humano es estar derrumbado por la pérdida. Mi hermano estuvo un año sin hablarme porque no entendía cómo vencía aquel dolor y él no. Pero la confianza en Dios da fuerzas.»

Si usted perdió un ser querido y necesita de ayuda, tal vez no tenga con quien conversar al respecto del sufrimiento, acérquese a una Universal cercana a su domicilio, allí habrá hombres y mujeres de Dios para ayudarlo. Vea las direcciones aquí.

Comparta ese artículo con quien está pasando por una situación así.