Una alegría que no termina en 4 días

Una alegría que no termina en 4 días

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El saldo del feriado de Carnaval de 2014 en todo Brasil no es nada diferente al de los años anteriores: personas atropelladas y baleadas mientras “se entregaban al desenfreno” en las comparsas, aumento de accidentes fatales en las carreteras, agresiones físicas, crímenes pasionales y muchos otros casos del mismo tipo.

Para tener una idea de la gravedad, las carreteras paulistas tuvieron el Carnaval más violento de los últimos 4 años, con 37 muertos entre el viernes (28 de febrero) y el miércoles (5 de marzo). São Paulo no tenía tantos accidentes fatales desde 2010, cuando 41 personas murieron en el mismo período en accidentes. El aumento fue del 37% en relación al año pasado, cuando fueron registradas 27 muertes.

Sin embargo, mientras unos estaban disfrutando del desastre y también corriendo el riesgo de convertirse en estadística, millones de personas se reunieron en los templos de la Universal en todo el país para celebrar la “Fiesta del Espíritu”.

En São Paulo, el obispo Edir Macedo ministró la vigilia, que comenzó a las 10 de la noche y se extendió durante toda la madrugada, siendo transmitida también por Internet, por media de la TV Universal.

Durante el encuentro, el obispo resaltó la importancia de los presentes sacrificaron la noche de sueño para buscar un alimento que no es físico, sino que es capaz de sustentarlos no solo en los momentos buenos, sino, principalmente, en los malos.

“Si usted lleva en serio su fe, se vuelve un solo espíritu con Dios. Cuando se entrega de cuerpo, alma y espíritu a Él, se une a Dios, y donde quiera que esté, allí Él estará. En ese exacto momento, ¿cuántas niñas están usando su cuerpo a voluntad y contrayendo enfermedades infectocontagiosas y mañana estarán en el cementerio? El hecho es que el mal no gana nada con eso, solo tiene el placer de decirle a Dios que la persona lo prefirió a él que a Dios.”

“Era adicta al Carnaval”

Por poco el comerciante José Raimundo de Jesus (foto de al lado, con la esposa), de 35 años, no se convirtió en una de esas personas mencionadas por el obispo. Eso porque, para él, el Carnaval era un vicio incontrolable. Cuando terminaba una fiesta en la ciudad que vivía, en la Bahía, inmediatamente corría a otra ciudad, en busca de más diversión.

“Desde los 14 años, me quedaba 4 días seguidos, noche y día, bebiendo hasta no aguantar más. Iba a las comparsas, me peleaba, daba botellazos, agredía físicamente, me agarraba con personas de otros barrios y solo para pelear. Después de todo eso, cuando terminaba la fiesta, sentía una tristeza profunda y un vacío en el alma. Lo peor fue cuando ya estaba viviendo en São Paulo y me llevé siete puñaladas porque estaba bebiendo y peleando en el bar. Quedé 15 días internado, entre la vida y la muerte”, recuerda.

Pero lo que parecía ser el fin para aquel que le gustaba la fiesta, fue, realmente, el comienzo de una nueva vida, que pasó a ser en base a una alegría que no termina en 4 días. Aun en el hospital, José Raimundo conversó con Dios, diciéndole que si Él lo sacaba de esa situación, al salir, iría a buscar ayuda. “Busqué una iglesia para pagar mi promesa que hice en el hospital, y fue cuando conocí la Universal. Entré y me quedé observando, concurriendo a las reuniones durante 5 días consecutivos. Fue entonces que vi que el lugar era de Dios, pues por las palabras que oí, pude entender que ellas tenían fundamentos y tenían sentido. Pensaba que nunca me iba a liberar, pues era adicto al Carnaval. Ahora, soy feliz, tengo paz, una seguridad dentro mí, en refrigerio verdadero en mi alma, que las fiestas del Carnaval no me daban.”

“Un mal matrimonio es el primer paso hacia el infierno”

Entre varios temas abordados durante la madrugada, uno llamó la atención de aquellos que están solteros o relacionándose con personas que no comparten la misma fe. El obispo alertó que no son pocos los que dicen creer en Jesús y están perdiendo la Salvación porque dejan al sentimiento hablar más alto.

“Hay quien diga que tiene fe que el novio se va a convertir cuando se casen. Sobre eso yo pregunto: si usted tiene fe para que se convierta después del matrimonio, ¿por qué no usa esa misma fe para que se convierta antes de casarse? Sepa que un mal matrimonio es el primer paso al infierno de aquellos que un día fueron usados por Dios”, afirmó.

Consciente del riesgo que corría, la estudiante de servicio social Paloma dos Santo Pereira (foto de al lado), de 20 años, no pensó dos veces en renunciar al noviazgo que la apartaba de Dios. En medio de una relación problemática, con peleas constantes, ella optó por hacerle caso a la razón. “Era una unión sin estabilidad. Hace 3 años que estoy en la Universal y vine porque el vacío que sentía era muy grande, porque en el momento en que estaba “disfrutando de la vida” con él hasta que era bueno, pero era poco, no saciaba mi vacío. Cuando vine acá, vi que estaba recibiendo algo duradero, que el vacía que sentía antes estaba completo. Dejé las amistades, terminé ese noviazgo y doy gracias a Dios porque tomé esa decisión, antes de sufrir más, pues podría haberme casado y arrepentido. Hoy estoy completa y valorizo cada día más mi vida con Dios”, concluyó Paloma.

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