Un vicio no se puede resistir a una familia unida

Un vicio no se puede resistir a una familia unida

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Alejandra comenzó a hacer el Tratamiento para la Cura de los Vicios porque tenía vicios de alcohol, cigarrillo y juegos. “Iba a los bingos y casinos, me daba cuenta de que necesitaba ayuda, además mi hija y mi marido también estaban en los vicios. Mi hija estaba al borde de la muerte porque andaba por la calle con el paco.

Empecé a hacer el Tratamiento por mí y después comencé a luchar por ellos. No fue sencillo porque fueron seis meses de perseverancia. Recuerdo que ella no quería saber nada, se reía, me insultaba y no quería venir a hacer el Tratamiento para la Cura de los Vicios. Ella decía que no iba a dejar sus cosas ni a sus amistades.

Yo venía, hacía el Tratamiento y cuando llegaba a casa, ella estaba peor”, relata.

Ante la dificultad ella no dio brazo a torcer, pues sabía que estaba invirtiendo en algo que daría fruto en la vida de su hija. Uno de los consejos clave de los especialistas aclara que si la situación empeora es una buena señal porque si hoy el familiar consume cierta cantidad de sustancias, y al hacer el Tratamiento aumenta el consumo, esto indica que es el último momento en que el espíritu del vicio va a estar dominándolos. No se debe abandonar el Tratamiento en esta etapa, pues está más cerca de la recuperación completa.

Para Alejandra la realidad era una, pero la certeza de ver a su hija libre le permitía verla de otra manera. “Mi hija se drogaba en la plaza, en las calles y cuando yo venía al Tratamiento, se drogaba en la esquina y en la puerta de casa, no le importaba nada. Varias veces estuve a punto de bajar los brazos, pero en mi interior había una certeza tan grande de que ella iba a llegar al Tratamiento que no me dejaba desistir. Yo determiné que ella iba a estar bien y hoy está acá, libre”, afirma esta madre que luchó por su hija con todas sus fuerzas.

“Por las drogas perdí a mi familia y toda mi vida. Consumía marihuana, cocaína, cigarrillos y alcohol, lo peor fue el crack, recuerdo que llegué a prostituirme cuando ya no le podía sacar dinero a mi mamá y a mi papá. Me prostituía con ‘amigos’ y con los transas, ellos tenían la droga y yo la necesitaba. Estuve siete años viviendo así, ahora estoy feliz, cambió todo, ya no me drogo más. Hoy puedo compartir momentos con mi mamá y con mi familia”, cuenta Daniela.

Fabián vio el cambio que ella experimentó, porque no hacía caso, estaba rebelde y muchas veces escuchó a Alejandra decir entre lágrimas que ya no sabía que hacer con su hija. “Valió la pena hacer el Tratamiento para la Cura de los Vicios, lo recomiendo a todas las madres”, finaliza Alejandra junto a su familia.

Participe usted también de la reunión de la Cura de los Vicios y compruebe en su vida o en la de un ser querido que existe una salida para este mal. Lo esperamos este domingo a las 15 h en Av. Corrientes 4070, Almagro.

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