Un mozo es recompensado después de haber tenido un generoso gesto

Un mozo es recompensado después de haber tenido un generoso gesto

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Foto.300x200“En una de las fechas más deprimentes del año, hiciste que el día de mi madre fuera maravilloso. Insististe en pagar las compras. Le dijiste que ella es una mujer muy hermosa. Nunca la había visto sonreír tanto después de que mi padre murió”.

El mensaje anterior, escrito cariñosamente en una servilleta de papel, fue dejado para el mozo Kasey Simmons en la mesa del restaurante en el que trabaja, en Dallas, Texas (Estados Unidos). Además de las palabras, junto al papel había una propina de 500 dólares.

Un día antes del mensaje, Simmons estaba de compras en un supermercado de la zona cuando encontró a una señora mayor aparentemente triste. Con la intención de ayudarla de alguna manera, empezó a hablar con ella y no escatimó elogios para la señora. Y al final, él hasta pagó las compras de ella.

La propina fue dada por la hija de la señora, como una forma de agradecimiento. Según ella, su madre estaba muy triste por la fecha que le hizo recordar la pérdida de su esposo. Agradecida, fue al restaurante, pidió un agua saborizada, el elemento más barato del menú y, sin pedir nada más, se levantó y se fue.

Al comprobar el pago, Simmons se encontró con el mensaje escrito y con el dinero.

¿Cómo agradar a Dios?

El joven podría haber tratado la situación de esa señora con indiferencia, o pensar que era normal encontrar a alguien que demostrara amargura. Pero no, él se dio cuenta de que podía cambiar esa situación y decidió ir más allá, ayudando a quien tanto lo necesitaba en ese momento.

Para ver a esa señora bien, superó cualquier barrera que pudiera existir, sin poner excusas, como la falta de tiempo o dinero. Él se dio, y el amor al prójimo habló más fuerte.

Simmons actuó correctamente. No está bien esperar que otros hagan algo que usted puede hacer, o simplemente darle la espalda a alguien que necesita ayuda. A Dios le agradan las actitudes como las de este joven. Después de todo, el Señor nos enseñó que es nuestro deber que nos amemos unos a otros, y debemos cumplir este mandamiento.

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