Transfiriendo confianza

Transfiriendo confianza

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Confianza (sustantivo): firme creencia en la confiabilidad, verdad, habilidad o fuerza de alguien o algo. (Diccionario Oxford)

¿En qué o en quién podemos confiar de verdad? Diga el nombre de alguien que usted está seguro que jamás lo decepcionará. Mencione una institución que nunca le falló.

¿Es difícil que le venga a la mente algunos nombres?

Ningún ser humano, y nada creado por él, puede ser absolutamente confiable. Creo que las compañías de seguros son un perfecto ejemplo de esto. Ellas le venden  una póliza que supuestamente le protegerá contra todo lo que ella cubre – excepto “algunas” limitaciones descriptas claramente en 50 páginas de letra pequeña. Ah, ¿usted ya no se siente más seguro?

Aun así, firmamos aquella póliza incluso sabiendo que probablemente  no nos cubrirá cuando más la necesitemos. Firmamos con placer y pagamos cada mes.

Le preguntamos al abogado: “Doctor, ¿qué oportunidades tenemos de ganar este caso?” Él o ella responde: “Tenemos un buen caso. Haré lo máximo que pueda, pero no le puedo prometer nada.”

Al médico: “Si yo tomo este medicamento, me hago aquella operación, y sigo aquel tratamiento, ¿me sanaré?” El médico dice, en efecto: “Vamos a esperar que todo salga bien…” Y nosotros, aun así, vamos adelante.

La pregunta es hecha en el altar a los novios: “¿Usted acepta a esta persona como su fiel marido/ esposa, (y bla-bla-bla…) hasta que la muerte los separe?” A pesar de que los dos respondan: “Acepto”, las estadísticas muestran que casi la mitad de estas parejas se divorciarán más tarde.

¿En quién podemos confiar realmente?

“Así ha dicho el Señor: ¡Maldito aquel que confía en el hombre, que pone su confianza en la fuerza humana… ¡Bendito el hombre que confía en el Señor, cuya confianza está puesta en el Señor!” Jeremías 17:5-7

Yo pienso que en lo que se refiere a las relaciones humanas, no hay cómo escapar de esta maldición. Tenemos que depositar alguna confianza en las personas e instituciones para que la sociedad funcione.

Sin embargo, debemos reservar nuestra total y absoluta confianza solamente para Dios. Y esto significa algo más que solo mover nuestros labios. Para mostrar nuestra confianza en Dios, necesitamos hacer para Él lo mismo o más de lo que hacemos cuando confiamos en las personas.

Confiar en las personas, nos lleva a probar nuestra confianza con actitudes. Aceptamos lo que ellas nos dicen, seguimos sus consejos, dependemos de su desempeño, valoramos sus opiniones, y mucho más.

Tal vez usted haya confiado en muchos, pero se ha decepcionado. En cambio, transfiera toda su confianza, en mente y actitudes, a Dios.

Si usted confiara en Dios por lo menos tanto como confía en las cosas y en los demás, sino más, los resultados en su vida serían muy diferentes.