Testimonios del Templo de Salomón

Testimonios del Templo de Salomón

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tem-testi01875 “Vivíamos todos juntos en una piecita”

Goldi: “Llegué a la iglesia con mi vida destruida, vivíamos en una pieza de cuatro metros cuadrados con mi esposo y mis tres hijas. No teníamos para comer, estábamos en la miseria. Mi esposo ganaba el mínimo, así que no nos alcanzaba el dinero. Yo estaba enferma, a mi hija le diagnosticaron cáncer y mis dos hijas menores tenían asma.

En la Universal escuché que había una manera de salir de esa situación y decidí sacrificar. A la semana empecé a sentirme bien, Dios me respondió con mi sanidad y trabajo. Mis hijas fueron sanadas y mi matrimonio, restaurado. Conquisté dos supermercados, un departamento, una casa, una camioneta, un coche y dos terrenos después de enviar mi pedido al Templo de Salomón ”.

tem-testi02875 “Toda mi familia sufría por mi culpa”

Gabriel: “Las agresiones en mi casa me marcaron, de adolescente empecé a tomar y a drogarme. Era muy nervioso, me iba de mi casa, dormía en la calle y hasta estuve detenido. Con 24 años conocí a quien hoy es mi esposa y creí que iba a cambiar, pero fue peor. La dejaba sola con mi hijo y desaparecía durante días, tomaba, me drogaba, le era infiel y, al regresar, empezaban las agresiones. Por las drogas me endeudé, también me apuñalaron y estuve internado durante cinco días. Ella me abandonó, entonces, toqué fondo.

Me invitaron a la Universal y me lancé, sacrifiqué y envié mi pedido al Templo de Salomón. Los resultados fueron que vencí el vicio, nuestro matrimonio fue restaurado, pagué las deudas, tengo mi casa, mi auto y diez locales”.

tem-testi03875 “Estaba condenada a la invalidez”

María de los Ángeles: “Envié mi pedido al Templo de Salomón porque tenía un problema de salud, una enfermedad degenerativa en los huesos. Me había atacado la columna y el médico me había indicado un antiinflamatorio para calmar los dolores, pero no me servía. Yo seguía con los dolores y no podía hacer las cosas de mi casa. No podía planchar, cocinar, no podía hacer nada. A veces el dolor me impedía caminar porque me atacaba las piernas.

Cuando me enteré de que se iban a enviar los pedidos al Templo de Salomón, decidí sacrificar por mi salud. Dejé mi pedido en el Altar y cuando bajé todo fue distinto. Me hicieron muchos estudios y se demostró que estoy sanada, el traumatólogo me dijo que no tengo nada, que no me preocupe. Puedo decir que Dios hizo lo extraordinario en mi vida”.