“Supe que mi hija tenía anorexia, igual que yo”

“Supe que mi hija tenía anorexia, igual que yo”

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Los problemas de María Elena Paz comenzaron cuando era una niña. En esa época pasó por un intento de abuso: “Eso generó en mí obsesión y miedo. Desde esa edad padecí depresión y ataques de pánico.

Después, vine a Buenos Aires a trabajar. Conviví, tuve hijos, pero seguía mal. Al tiempo comenzaron los ataques de pánico”.

Dominadas por la obsesión por el cuerpo

“Había aumentado de peso y tenía miedo de que mi marido mirara a otras mujeres. No comía, era anorexia nerviosa. Me mandaron a tratamiento psiquiátrico, tomaba medicación, pero me generaba más ansiedad.

Decidí quitarme la vida y me internaron. Un tiempo estaba bien, pero después recaía. Yo era mi propia cárcel. Me dolía el alma. Estaba obsesionada con la comida. Pesaba 42 kilos, me decían que parecía un cadáver. Se me aflojaban las piernas, no podía caminar. Finalmente, me separé del padre de mis hijos.

Miraba los programas de la Universal, hasta que mi hijo cayó en los vicios y me acerqué. Cuando llegué me di cuenta que todo era espiritual. Fue un alivio, me liberé y fui sanada”.

Mientras, ella salía adelante, su hija Magalí Casco sufría: “Para calmarme me cortaba, desde los 12 años. Yo ocultaba mi dolor. Pasaba de largo algunas comidas y mi mamá pensaba que era normal. Pero se volvió una obsesión. Un día fui a bailar, tomé demasiado y desperté en el hospital. Dijeron que por el bajo peso casi me morí. Llegué a pesar 33 kilos. Me veía los huesos, no me gustaba, pero no podía parar, parecía muerta. Me sentía débil, me dolía todo, sentía que me moría. Me internaron y me pusieron una sonda de alimentación”.

“Ya había solucionado el tema de mi peso y supe que tenía el mismo problema que yo. Pero luché, perseveré por ella”, comenta María.
“Le pedí ayuda a Dios. No me daba cuenta de que Lo necesitaba tanto. Él me fue limpiando. Hoy no me siento sola, sé que mi vida tiene valor”.
María Elena: “Superamos la anorexia y la depresión y estamos en la misma fe”.

La mayoría no cree que Dios pueda curar trastornos alimenticios. Yo viví desde así desde los 12 años y cambié, no soy especial, es cuestión de pedir ayuda”, finaliza Magalí.

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