¿Su ofrenda es igual a la de Abel o a la de Caín?

¿Su ofrenda es igual a la de Abel o a la de Caín?

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El obispo Macedo realizó este domingo 16 la Reunión del Encuentro con Dios, en la Universal de Santo Amaro, en San Pablo, donde advirtió a todos acerca del peligro del egoísmo y de la ofrenda que es presentada en el Altar de Dios de cualquier manera.

Al comenzar el encuentro, el obispo usó el ejemplo de David para mostrar que, incluso delante de un pecado tan grave, el rey alcanzó el perdón Divino. “David cometió un acto cruel, pero inclusive haciendo lo que hizo, encontró arrepentimiento. El rey que lo precedió, Saúl, había hecho algo menos malo, y fue condenado. David cometió un “pecado más grotesco” y aun así logró misericordia. Eso sucedió porque su corazón quería agradar a Dios.

A veces, nos “damos contra la pared” porque queremos hacer nuestra voluntad, pero la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros. Y cuando queremos hacer Su voluntad, Él se realiza en nosotros. Piense en eso.” exhortó.

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” Mateo 5:23-24

Acerca del versículo anterior, el obispo resaltó que la vida de cada uno de nosotros depende de la ofrenda que Le presentemos a Dios, pues representa lo que hay en el interior del ofrendante, es la fotografía de la fe, del corazón, de los valores espirituales.

“Por eso, si tengo algo en contra de alguien o un hermano tiene algo en mi contra, debo reconciliarme, pedir perdón, y entonces estaré limpio y podré llevar mi ofrenda al altar. Hecha de otro modo, será considerada inmunda, mientras mi corazón esté sucio. La ofrenda representa mi corazón. Eso es lo que hace la diferencia.”

Para que todos comprendieran más claramente, el obispo recurrió a otro pasaje bíblico, en Génesis 4, de los versículos 1 al 7, que dice:

“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad del SEÑOR he adquirido varón.

Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda al SEÑOR.

Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró el SEÑOR con agrado a Abel y a su ofrenda;  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?
Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”

Sobre el Texto Sagrado, el obispo destacó que Caín, siendo labrador, trabajó, luchó, vio crecer el fruto de la tierra, lo vio multiplicarse y, por libre y espontánea voluntad, decidió ofrendar a Dios. Sin embargo, la ofrenda de su hermano Abel fue registrada, agradó a Dios y fue descrita en la Biblia como las primicias y la gordura. Por su parte, la de Caín fue identificada solo como un fruto de la tierra. La diferencia entre una y la otra es que la ofrenda de sacrificio de Abel lo justificó delante de Dios. Lo importante no era solo el sacrificio físico, sino lo que representaba, es decir, el corazón de Abel. De acuerdo con la explicación dejada por el obispo, es posible entender que lo que la persona coloca en el altar, en realidad, no es dinero, sino el propio corazón.

“Dios no Se agradó de la ofrenda de Caín porque el propio labrador sabía que estaba dando algo que no agradaría a Dios. Le faltó el respeto a Dios llevando una ofrenda cualquiera. ¿Cómo evaluamos nuestra consideración hacia Dios? Cuando entregamos nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu. Usted solo puede llegar delante de Dios y reclamarle Sus promesas cuando presenta su vida en el altar. Ahora, si Lo trata de la misma forma que Lo trató Caín, entonces no puede quejarse de su vida.” concluyó, invitando a todos a realizar un fuerte clamor.