“Solo pensaba en drogarme, no tenía ningún proyecto ni metas”

“Solo pensaba en drogarme, no tenía ningún proyecto ni metas”

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Juan Manuel Gebhardt estuvo 16 años involucrado en los vicios. “Consumía cocaína, marihuana, LSD, alcohol, pastillas, pasta base y cigarrillos; comencé a los 13. Estuve mucho tiempo en la calle”.

Una oportunidad desperdiciada

“Yo jugaba al fútbol, a medida que pasaron los años me convertí en una persona que tenía buenas condiciones para hacerlo y me agarró un representante. Tuve la oporunidad de ir al Napoli a prueba por tres meses, con todo pago, si le gustaba al técnico de allá me quedaba; pero la desperdicié por los vicios. Llegué a estar siete días sin comer, drogándome con pasta base, solo tomaba agua; no sabía dónde estaba ni lo que hacia. Hasta vendía mis cosas para comprar droga. A los 17 tuve la primera internación para intentar dejar las drogas, pero no funcionó. Al tiempo perdí todo a causa de los vicios, hasta mi futuro. A partir de ahí, tuve como quince internaciones más. Me encerraba con la persiana baja porque no quería que entrara la luz. Estaba depresivo y mi vida era un tormento. Con mi familia tenía problemas, había muchas discusiones, ellos trataban de ayudarme y yo nunca quise recuperarme. Solo pensaba en drogarme, no tenía ningún proyecto ni metas. En mi cabeza, solo había lugar para la droga, la calle, los boliches y las relaciones promiscuas. Hice un tratamiento psiquiátrico ambulatorio durante cuatro años para dejar las adicciones, pero tampoco me ayudó. La medicación me aplacó, no podía pensar ni tampoco hablar. Sufrí muchísimo porque no tenía la intención de cambiar. Nunca se me pasó por la cabeza terminar con mi vida, pero inconscientemente la droga me estaba matando”.

La ayuda llegó

“En aquel entonces, un vecino me invitó a la Iglesia. Comencé a ir y luego a luchar y perseverar, con el tiempo el Espíritu Santo hizo la obra en mí. Hoy estoy totalmente cambiado, Dios transformó mi vida. me casé, tengo una hija y estoy libre de los vicios, ya no necesito drogarme. Me llevo muy bien con mi familia y puedo dormir en paz y tranquilidad. Aconsejo a todos los que tienen un familiar, un amigo o una pareja en los vicios, que se acerquen a la Universal más cercana, porque acá su vida va a cambiar. Esta fue la última puerta que yo toqué, y gracias a Dios pude salir adelante”.

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