Solidaridad

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En los días de hoy, hay mucha aflicción esperando socorro y comprensión. Si todos pudiesen separar un poco de su tiempo al servicio de la solidaridad fraternal, que no espera nada a cambio, tendríamos un mundo mejor. Pero es una acción difícil, pues, motivados por la vida cotidiana que nos inculca valores que no son cristianos, terminamos tomando otros caminos, muchas veces, sin notarlo. La actitud de cambio en relación a eso debe venir siempre basada en la Palabra de Dios.

Lamentablemente, los malos ejemplos reciben mucha más fama que las buenas acciones. Eso ocurre en los medios, e incluso en las conversaciones del trabajo, en las rondas de amigos, en las relaciones personales. Pero los buenos ejemplos existen, aunque tengan divulgación.

Cabe recordar el caso del joven carioca Vítor Suarez Cunha (foto al lado). Al intentar defender a un mendigo que era atacado a patadas por seis jóvenes, en la Isla del Gobernador (RJ), Vítor fue vencido por ellos. Herido, fue llevado al hospital con hundimiento de cráneo y en la región de los ojos. Y tuvo que pasar por una cirugía facial. Pero si eso no lo impresiona, lo que él dijo después de despertar, quizás sí: “No hice nada de más. Fui a conversar. Haría eso de nuevo si viera la misma situación.”

La Biblia revela que no es posible amar y agradar al Señor sin antes amar y servir a nuestro semejante, llevando a Dios, principalmente a los más necesitados (lea Mateo 25:31-44).

Por cada acto de amor que es practicado en favor de nuestro prójimo, de las formas más diversas posibles, siendo la principal de ellas la evangelización, sumamos valores. Las pequeñas ayudas producen los milagros de las grandes realizaciones. ¡Piense en eso!

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