Sin apego

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Este último miércoles 10, el obispo Edir Macedo, les transmitió un mensaje de fe a todos los oyentes de la Red Aleluya de radio y también a los internautas de la IURD TV. Durante la transmisión, destacó que para tomar posesión de las bendiciones de Dios es necesario no estar apegado a los bienes materiales. También citó que Jacob era un hombre rico y lleno de bendiciones, sin embargo le faltaba algo: convertirse en la propia bendición. Acompañe, en los siguientes fragmentos, cómo Jacob revirtió su situación y logró vencer.

“Cuanto más ansioso y apegado a los bienes materiales está usted, más difícil será tomar posesión de las bendiciones. Dios quiere darle todo lo que usted necesita, pero Él no quiere que usted se rinda a las cosas materiales, pues mientras su corazón esté en esos bienes, más se alejará de la bendición eterna. Dios permite que tengamos riquezas, pero Él odia cuando dejamos que esas riquezas ocupen Su lugar. Su corazón tiene que estar libre para servirlo.

¿Es posible que una persona tenga muchas riquezas y viva como si todo eso no significara nada para ella? Claro que sí. Lo más importante es su comunión con Dios”, explicó.

La riqueza de Jacob

“Jacob era un hombre que poseyó muchas riquezas, aunque sea de forma fraudulenta. Él tenía la bendición de Dios y también la bendición de su padre Isaac, pero no era la propia bendición. Existen muchas personas con dinero y éxito, pero las mismas no tienen paz, no tienen la presencia de Dios; llegan a conquistar, pero terminan perdiendo, sobre todo, su alma.

‘¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?’ Marcos 8:36

Jacob tenía riquezas y glorias, pero no era la propia bendición. La Universal es el nuevo Israel que lucha con Dios día tras día en favor de las personas, de los afligidos, de los necesitados. Nadie está obligado a nada, estamos aquí por una cuestión de fe, de vocación y de deseo en prosperar la vida de todos. Y, mientras estemos en el sacrificio, entonces tenemos la garantía de Dios para nuestra protección y para convertirnos en la propia bendición. Dios no quiere que seamos la bendición solamente en la iglesia, sino también en casa, en el trabajo, en la calle, donde quiera que estemos.

Cuando la persona es sincera, tiene buenos ojos, su consciencia es latente y sensible a la voz de Dios, y Él nos da la certeza de que sucederá lo que deseamos”, finalizó el obispo.