Siervos y señores

Siervos y señores

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El señor de la injustica promueve e invierte en el pecado porque genera muerte, en cambio, el Señor de la justica invierte y promueve en el perdón que genera vida. Desde el principio, Dios Hijo —la Palabra— estaba con Dios Padre y por medio de Él y por Él fueron hechas todas las cosas (Juan 1:3).

El ser humano se encuentra entre la justicia y la injusticia, entre el pecado y el perdón o entre la vida y la muerte para optar por el Señor para servirlo y obedecerlo. Y usted ¿a quién ha obedecido? ¿Quién ha sido su Señor?

Muchos consideran a Jesucristo como Señor, pero también han servido a la mentira, a la prostitución, al engaño y a todos los deseos inmorales de la carne.

¿Es posible servir al Señor de la verdad con mentiras en los labios? ¿Es posible servir al Señor de la Santidad y vivir en la prostitución? ¿Es posible ser morada del Espíritu Santo y vivir en la carne? ¿Es posible tener la mente de Cristo y tener pensamientos de este mundo? ¿Es posible amar a Cristo y a este mundo? ¿Es posible haber recibido el perdón de Dios y no perdonar? ¿Es posible tener el Espíritu de Dios y ser cobarde, tímido, rebelde o infiel?

¿Es posible servir al Altar y no contar con Su provisión o robar los diezmos y ofrendas? ¿Es posible ser sellado por el Espíritu Santo y ser dominado por el pecado? ¿Es posible servir al pecado y ser protegido por el Altísimo? ¿Es posible servir al mal y estar lejos de este?

Sabemos que el Espíritu de Dios nos permite vivir en la fe y por la fe. Vivir en la fe o por la fe es practicar y obedecer los principios de la justicia, de la misericordia y de la fe.

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