Sí, soy bello, pues soy la imagen de Dios

Sí, soy bello, pues soy la imagen de Dios

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Dice el proverbio: “Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.” Proverbios 3:5

Y ¿cuántos siguen la enseñanza?

El pensamiento humano es como un camino desconocido. Cuando se recorre con calma, reflexión y atención, logramos hacer las elecciones correctas. Sin embargo, en momentos en que no reflexionamos bien sobre las elecciones, los caminos escogidos presentan espinos, fieras y otros tantos problemas.

Uno de los problemas que se presentan con más frecuencia en nuestra sociedad es la falsa perfección estética. Las personas ven telenovelas, filmes, propagandas y fotos, y creen que el modelo de belleza vendido es lo ideal, cuando, en realidad, ni siquiera existe. Todas las imágenes que aparecen en los medios de comunicación son pensadas y trabajadas. Ningún modelo o actor es filmado ni fotografiado sin maquillaje y, después de que termina el trabajo, las imágenes son adulteradas para corregir imperfecciones.

Ese monstruo bautizado “belleza” devora mentes que juzgan sus propios cuerpos como inferiores. Pero “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” (Génesis 1:26) Nada es más bello que el Señor y Sus obras. Además, dudar de su propia gracia es dudar de la gracia de Dios.

Platón, filósofo griego, que vivió cuatro siglos antes de Cristo (a.C.), ya defendía en sus  discursos que lo bello es lo verdadero. Igual es ésta es la enseñanza del Señor “porque el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón.” 1 Samuel 16:7

Preocupémonos, entonces, con la verdadera belleza, la de las actitudes. Caminando por la senda de la bondad y de la generosidad, nos veremos cómo somos: bellos. Pues bellos, somos todos. O, “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” 1 Corintios 6:19

Mi hijo también es bello

Todos nosotros somos reflejo de aquello que vivimos y experimentamos durante nuestra vida. Eso es lo que defiende la línea de pensamiento creada por el psicoanalista Adolf Adler. Para la psicología, desde la más tierna edad, las personas acumulan informaciones que, más tarde, formarán su autoimagen.

Si tomamos como ejemplo, aunque sea simplista, un bloque de anotaciones, entenderemos la formación de ese auto-concepto. Cuando un niño hace algo equivocado, como desperdiciar un alimento, lo retan. Ese reto queda registrado en su “bloque de anotaciones de lo que no se debe hacer”. Todo reto parecido a ese lo registrará en el mismo bloque.

De la misma forma es la imagen. Cuando el padre no le da atención al peinado nuevo de la joven. Cuando la profesora le dice al compañerito del niño “lindo”, pero no se lo repite al niño. Cuando un hermano dice “Yo soy más listo”. Todos esos momentos van al registro de la autoimagen.

Por eso es tan importante que la familia le de atención al niño y evite comparaciones. Cuando exija algo, sea sensato. Esas impresiones registradas son la base determinante para definir quién será el niño cuando sea adulto.

Así dice la Biblia: “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo.” Proverbios 19:18

Inclusive, en su autoestima.