¿Será que su depresión no viene de Internet?

¿Será que su depresión no viene de Internet?

Por

Es un hecho que personas de todas las edades utilizan las nuevas tecnologías como celulares e Internet en su día a día. Sin embargo, hace ya un tiempo, los especialistas señalan que la utilización excesiva de las redes sociales pueden llevar a la depresión. El 2° Levantamiento Nacional de Alcohol y Drogas (LENAD), divulgado recientemente por la Universidad Federal de São Paulo (UNIFESP), indica que más del 21% de los brasileños entre 14 a 25 años tienen síntomas indicativos de la enfermedad. Estas son informaciones que levantan una cuestión: ¿hasta qué punto los recursos tecnológicos actuales son benéficos o no para el hombre?

Para el doctor en Sociología de la Universidad de São Paulo (USP) Álvaro Gullo, el hecho de que gran parte de la juventud sea afectada por este problema tiene varias explicaciones: “Los jóvenes tienen muchas expectativas en la vida, pero les faltan conocimientos, formación e incluso el apoyo de la familia. Además de las transformaciones psicofísicas de la adolescencia, aún tienen un ansiedad muy grande, con deseos insatisfechos.” El profesor afirma que, en virtud a eso, muchos se frustran, se deprimen y recurren a los medios de comunicación, como la televisión, los celulares e Internet, para llenar el vacío de la vida moderna.

Y no solo los más jóvenes. La abogada B.M., de 32 años, cuenta que se casó muy joven y sufría agresiones físicas y verbales de su marido, que tomaba mucho. Luego de divorciarse, decidió buscar nuevas amistades en las redes sociales. “Me deprimía y me sentía sola porque nadie me hablaba en el Facebook. En la ansiedad de conversar, me involucré con personas equivocadas.” Hoy, está haciendo un tratamiento para la depresión y borró su perfil de la red social.

Para Gullo, este caso es una prueba de que las relaciones en la web, la mayoría de las veces, son fantasías: “Cuando los elementos referenciales, como la familia, la escuela, el ocio y el compañerismo, se fragilizan, son substituidos por falsas relaciones.” Otro efecto de las redes, señalado por él, son el hecho de compartir posts. “Mandan y reciben mensajes todo el día con lenguajes cifrados. Y no hay crecimiento intelectual, pues no existe diálogo real, con un cambio de ideas y argumentos.”

¿Del otro lado es más bonito?

En el bombardeo de las percepciones, que utiliza el texto, el video, la imagen, los comentarios y no deja al internauta desligarse de Internet, hay otro efecto colateral: al mirar el perfil de los demás, muchos usuarios pasan a desear lo que es del otro. Para el obispo Francisco Decothé – que realiza la “Reunión de la Descarga”, los martes, en la Universal de Santo Amaro, en São Paulo, – la actitud no es nueva. “El mundo se va modernizando y las formas van cambiando, pero no olvidemos que Caín tuvo el deseo de estar en el lugar de su hermano, Abel, y lo mató. La envidia es algo antiguo para el ser humano.”

Pero no siempre mirar al otro y lo que tiene despierta el deseo de estar en su lugar. El jugador Washington Santana, que se hizo famoso después de gritar “Yo soy la Universal” a las cámaras de Red Globo durante un partido por los cuartos de final del Campeonato Paulista de Fútbol, el último mes de marzo, revela que antes de afirmarse en la carrera pasó por un momento así. “Estaba sin jugar, vendiendo ojotas para sobrevivir y cuando ingresaba a Internet y veía las noticias de otro jugador, pensaba: ‘Él comenzó conmigo’. Me sentía deprimido, pero en el fondo sabía que tenía las condiciones para estar en el mismo nivel o ir más allá, sin desear su lugar.” Cuenta que para cambiar esa situación contó con el apoyo de la Universal y de su esposa. “El pastor incentivaba mi fe con buenas palabras y oraba por mí y mi mujer siempre tuvo la confianza de que vencería y me afirmaría.”

Pero, ¿qué se puede hacer con la depresión?

En el caso del jugador, la depresión fue superada por la fe. Sin embargo, para el profesor Álvaro Gullo, también existen actitudes a ser tomadas, que son capaces de combatirlas. “Si no fortalecemos los vínculos sociales básicos como la familia, si los padres no conversaran con sus hijos o si los jóvenes no tuvieran actitudes sanas que les dén disciplina y contenido, no habrá salida para ese sentimiento.”

Por otra parte, para el obispo Decohté hay solo un camino para lidiar con el problema: “La depresión es como la dependencia química, una persona puede incluso hacer un tratamiento para desintoxicarse, consultar a un psiquiatra y estar libre por un tiempo, pero si no se libera realmente, caerá de nuevo. Por eso, solo Dios la liberará del mal de una vez por todas”.