¿Se puede ser perfecto a los ojos de Dios?

¿Se puede ser perfecto a los ojos de Dios?

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Partamos de la primicia, “¿es posible que un hombre pueda ser perfecto a los ojos de Dios?”. Al contrario de lo que muchos piensan, sí es posible ser perfecto delante de Dios. Veamos el siguiente versículo:

“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón PERFECTO, capaz también de refrenar todo el cuerpo.” Santiago 3:2

La “ofensa” que se menciona en este pasaje se refiere a los errores y fallas que cometemos a diario. En la Biblia, Dios les pidió a los hombres de fe que fueran perfectos y hoy, del mismo modo, nos pide también a nosotros. Es posible que usted se pregunte, ¿cómo ser perfectos si estamos sujetos a errores? Bien, analizaremos los siguientes versículos.

Dios le dijo a Abraham: “Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció el Señor y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de Mí y sé PERFECTO.” Génesis 17:1. En otro pasaje bíblico, el Señor Jesús dijo a sus discípulos: “Sed, pues, vosotros PERFECTOS, como vuestro Padre que está en los cielos es PERFECTO.” Mateo 5:48. Puede, incluso, sonar discordante, pero, los parámetros de Dios son diferentes de lo que el mundo entiende por perfección. La “perfección” que Dios nos exige no es la ausencia de errores, sino que el Altísimo se refiere a andar en Su presencia, esforzándonos para no volver a cometer errores ya cometidos, con la conciencia de que Él siempre nos observa.

La verdadera perfección

Al reflexionar en el capítulo de Santiago 3:2, el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, aclara que quien controla lo que habla es una persona perfecta, porque tiene la capacidad de dominarse a sí mismo.

La falta de dominio de la lengua ha generado fracasos y destrucciones en la vida de muchos cristianos. Cuando la lengua se usa de una manera descontrolada y maligna, provoca contiendas, destruye amistades y hogares, y puede terminar con la reputación de una persona.

La raíz del problema

Lo que hablamos proviene de lo que pensamos. Así como Dios nos influencia con Sus buenos pensamientos, el diablo también lo hace, pero de una manera maliciosa.

Es necesario que usted se mantenga en estado de alerta, custodiando sus pensamientos. Así, será responsable en el momento de hablar, y solo utilizará palabras que edifiquen.

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