¿Se puede medir la grandeza de Dios?

¿Se puede medir la grandeza de Dios?

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Cuántas veces hemos pensado que un problema es enorme y por eso nos hemos entregado, dejando de buscar una manera de solucionarlo. Una deuda impagable, una enfermedad terminal, un matrimonio que ya no puede reconstruirse, son algunos de los infinitos ejemplos de problemas que parecen muy grandes y, por eso, imposibles de resolver.

Sin embargo, hay un Dios Todopoderoso, el Creador del Universo, que desea revelarle la fe capaz de hacer que esos problemas sean como la nada misma. La Biblia nos dice: “¿Quién midió las aguas con el hueco de Su mano y los cielos con Su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?”, (Isaías 40:12). Si toda el agua de los océanos del mundo entran en el hueco de una de las manos de Dios, el tamaño del Todopoderoso es inimaginable.

El obispo Macedo reflexionó al respecto en un mensaje publicado en su blog personal: “¿Qué quería Abraham? Es muy probable que la respuesta haya venido automáticamente a su mente: “¡Un hijo, claro!” Pero, en realidad, el querer de Abraham iba mucho más allá de eso, conforme sus actitudes lo pueden comprobar. El deseo que ardía dentro de su pecho no era simplemente el de recibir –la bendición, el hijo–, sino que era el de dar, el de ser la propia bendición, el de generar una nación para la gloria de Dios.

Lo que Abraham más quería no era un hijo. Si todo lo que él quería hubiese sido un hijo, no lo hubiera sacrificado en el Altar –después de todo, ¡ya lo tenía! Pero lo que Abraham más quería era agradar a Dios.

Hubo un momento en el que todo lo que quería era un hijo. La visión de Abraham estaba enfocada en eso. ‘Señor Dios, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo? (Génesis 15:2)’. Inmediatamente, Dios lo llevó afuera y le mostró las estrellas del cielo. Entonces, la visión de Abraham se abrió.

A partir de ese momento, comprendió que lo que estaba en cuestión no eran sus propios planes, sino los Planes de Dios. De pronto, su pedido que, hasta entonces, parecía tan grande, se volvió insignificante delante de lo que Dios quería –después de todo, ¿qué es un hijo comparado con una nación? El héroe de la fe notó que un hijo podría responder a su necesidad, pero no era suficiente para responder a la necesidad del Plan de Dios. Por consiguiente, todo lo que él comenzó a desear más fue agradar a Dios, respondiendo a las necesidades de Su proyecto por medio de la nación que nacería de él.

Cuando notamos que lo que tenemos y queremos es poco en relación a lo que Dios tiene y quiere, no tenemos miedo de sacrificar, de dar lo que quiera que sea. Incluso sintiendo el dolor palpitando en su pecho, Abraham entregó a su hijo en el Altar, porque su visión no estaba más en Isaac, sino en las estrellas del cielo y en la arena del mar. Su sueño era el sueño de Dios, y Abraham sabía que Dios jamás le pediría hacer algo que impidiese Su propio sueño.

Quizás usted esté enfocado solo en un hijo –la solución de un problema, sea familiar, sentimental, económico o en la salud– y no ha visto la grandeza de aquello que Dios planea hacer a través de su vida. Quizás ese hijo sea suficiente para usted, pero no lo es para Dios. ¿Y qué es lo que usted más quiere? ¿Agradarse a sí mismo o a Dios? ¿Aferrarse a lo que usted ya tiene y desea o aferrarse a lo que Dios tiene y desea para usted y para la humanidad?

Abraham no fue egoísta. Muy por el contrario: no tuvo miedo de renunciar a su sueño por el sueño de Dios. Y, a fin de cuentas, ¿sabe de lo que se dio cuenta? De que no necesitaría quedarse sin su hijo, solo era necesario que no tuviera su corazón en él. Y, porque el corazón de Abraham no estaba en su hijo –sino en Dios–, el Altísimo pudo concederle su deseo, y añadirle realizaciones aun mayores a su vida”.

El Dios que creó los Cielos, la Tierra y todo el Universo desea habitar en usted y revelarle esa grandeza de la misma forma que se lo reveló a Abraham, pero para eso es necesario que usted se sacrifique, que dé todo de sí para Dios, renunciando a su propia voluntad para pasar a vivir bajo la voluntad del Todopoderoso. Una vez que eso sucede, sus problemas se reducirán a la nada misma ante el tamaño del Dios Vivo que estará con usted.