Reunión especial en Perú

Reunión especial en Perú

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Durante la prédica, el obispo dijo: “Generalmente uno guarda las cosas que valora, que tienen un significado en su vida. Muchos piensan que lo que tiene gran valor es la familia, el trabajo, su casa, sus bienes materiales, pero lo más importante, lo más valioso que tenemos es la fe, que es un pedacito de Dios en nuestro interior.

Nada en el mundo vale más que la fe y como el mal sabe lo importante que es la fe, ha trabajado las 24 horas del día para destruirla. Pedro estaba caminando sobre las aguas junto a Jesús, pero él le prestó atención al viento y a las olas y comenzó a hundirse. El diablo provocó esa situación para tocar en la fe de Pedro y hace lo mismo, creando problemas, para que nosotros dejemos nuestra fe desprotegida y él pueda robarla.

Usted debe guardar, defender y proteger su fe, no prestando atención a lo que ve, siente o escucha. De esa forma, caminará sobre los problemas y nunca estará debajo de ellos”. Luego, el obispo oró por las personas que reconocieron tener su fe debilitada y por ese motivo no habían logrado guardar, defender y proteger su fe.

Donata: Vine con mucho dolor, no podía caminar, tenía el estómago hinchado hace varios meses. Toqué el Manto Consagrado y los dolores desaparecieron.

Donata: Vine con mucho dolor, no podía caminar, tenía el estómago hinchado hace varios meses. Toqué el Manto Consagrado y los dolores desaparecieron.

Rosa: Hace unos dos meses dejé de oír en uno de los oídos. Toqué el Manto Consagrado y pude volver a escuchar con normalidad gracias a Dios.

Rosa: Hace unos dos meses dejé de oír en uno de los oídos. Toqué el Manto Consagrado y pude volver a escuchar con normalidad gracias a Dios.

   

Julia: Estaba con dolores en la cabeza y en la boca del estómago hace unos tres meses. Toqué el Manto Consagrado y no siento más nada.

Julia: Estaba con dolores en la cabeza y en la boca del estómago hace unos tres meses. Toqué el Manto Consagrado y no siento más nada.

 

José: Hace tiempo sufría con una enfermedad que impedía la correcta oxigenación de mi cerebro, me habían desahuciado en el hospital. Gracias a Dios toqué el Manto Consagrado y fui sanado. Además me liberé del alcohol y el cigarrillo.