Rápidos, furiosos e imprudentes

Rápidos, furiosos e imprudentes

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Los accidentes pueden suceder aunque tengamos los cuidados en cuanto a la seguridad al conducir. Imagínese entonces cuando el conductor se arriesga innecesariamente. Fue lo que sucedió con dos jóvenes que realizaron una carrera ilegal en un túnel en Pekín y simplemente destruyeron sus automóviles, un Ferrari y un Lamborghini, que sumados cuestan aproximadamente U$ 50 millones de dólares en China.

No se sabe si fue mera coincidencia, pero el accidente ocurrió en la misma fecha del estreno de la película Rápidos y Furiosos 7 en China, que batió todos los récords de público en las primeras funciones en el país.

El noticiero del lugar informó que los habitantes de la zona del accidente ya había hecho el reclamo a la policía varias veces a causa de ese tipo de corridas. En esta oportunidad nadie perdió la vida, pero ya hubo muertes tanto de pilotos aficionados como de personas que estaban involucradas en la actividad ilegal.

La serie de películas “Rápidos y Furiosos” ya levantó muchas polémicas.  En la historia, un policía se infiltra entre con corredores ilegales de autos tuneados – modificados en la mecánica y en la apariencia -, caros o no, para descubrir criminales delincuentes ligados a la actividad.

En las películas de la serie, el agente se une a los que están fuera de la ley en las corridas, autos coloridos y jóvenes vulgarizadas con ropa provocativa. En todos los países en los que las siete películas de la franquicia fueron exhibidas, jóvenes animados intentan repetir algunas de las absurdas peripecias de las pantallas, no raramente causando accidentes, muchos de ellos fatales.

En Latinoamérica, lamentablemente, no es diferente. Los jóvenes en autos caros o baratos se dejan llevar por el momento y quitan su propia vida, vuelta y media arriesgando la de los peatones  y otros conductores que no tenían nada que ver con ese tema.

Claro que la responsabilidad no es de las películas, que son simplemente historias de ficción y deberían ser vistos con un único fin: ser una diversión que queda solamente en las telas y en la imaginación.

Incluso en las producciones de Hollywood, con todos los procedimientos de seguridad y dobles, suceden graves accidentes. Irónicamente, el propio astro de la franquicia, el actor Paul Walker, murió de una forma precoz a bordo de un Porsche conducido por un amigo, cuando volvía de un evento a beneficio.

Según registros policiales, el auto se descontroló cuando pasó de los 160 kilómetros por hora, en un área en que la velocidad permitida era de 72 kilómetros, y chocó con un poste. Walker estaba trabajando en la séptima película de Rápidos y Furiosos, en ese momento.

Como la muerte del actor que se hizo famoso corriendo en las pantallas, muchos chicos y chicas continúan realizando carreras y arriesgando sus vidas en las calles y carreteras. ¿A cambio de qué? ¿De una diversión y emoción pasajera con los amigos?

¿Realmente vale perder la vida por eso?

¿O quedarse inmóvil el resto de la vida en una cama o dependiendo de una silla de ruedas para siempre?

Lamentablemente, muchos jóvenes y adultos prefieren ser dominados por la emoción, en vez de apelar a la prudencia de la razón. La diferencia es que los prudentes sobreviven para ver las otras películas.