¿Quién era Jacob?

¿Quién era Jacob?

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Jacob era el hermano gemelo de Esaú. Ambos eran hijos de Isaac. Aunque nacieron en un mismo parto, tenían varias diferencias: Esaú era, fuerte y tenía mucho vello, mientras que Jacob era hermoso y de piel suave. Como Esaú había nacido antes que Jacob, él tenía el derecho a la bendición.

Sin embargo, un día, ayudado por su madre Rebeca, Jacob se cubrió con piel de cabra para parecerse a su hermano y se presentó delante de Isaac.

El anciano estaba ciego y no se dio cuenta que se trataba de Jacob. Por eso, le dio la bendición creyendo que era Esaú. Su hermano mayor, airado, juró que le daría muerte a Jacob.

De engañador a engañado

El muchacho tuvo que huir de su casa y perdió la herencia de su padre. Aventurándose al mundo, Jacob, tuvo un sueño: vio una escalera que unía a la tierra con el cielo y ángeles que bajaban y subían por ella.

Sin embargo, solo logró comprender el significado de ese sueño, después de que pasaron años.

El joven fue a vivir con su tío Labán. Estando allí, se enamoró de su prima Raquel. Para tenerla como esposa, tuvo que trabajar como siervo de su tío durante 7 años. Sin embargo, Labán lo engañó, ya que le dio en matrimonio a su hija mayor, Lea. En esa época, era normal tener más de una esposa y Jacob trabajó como siervo por otros 7 años, para poder casarse con Raquel.

Aquel que luchó con Dios

¿Cuántas veces ya deseó transformarse en alguien totalmente diferente de lo que es ahora? Ya pasó por muchos momentos de insatisfacción y frustraciones. Aunque luchó tanto, continúa con una sensación de fracaso en algún área de su vida. Falta algo que lo haga sentirse completamente realizado. Jacob ya estaba realizado sentimental y económicamente, pero le faltaba sentirse realmente pleno. Él pasó el Vado de Jaboc con su familia y sus bienes, ese fue el lugar en el que luchó por su bendición: “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”, (Génesis 32:28-30).

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