¿Qué quiere ser cuando sea grande?

¿Qué quiere ser cuando sea grande?

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¿Qué quiere ser cuando sea grande? ¿Quién nunca escuchó o hizo esa pregunta? La escuchábamos cuando éramos niños, y hoy se la repetimos a nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc. Por más que los niños no tengan aún una noción exacta de lo que esa pregunta representa, ellos siempre tienen una respuesta en la punta de la lengua. Normalmente, quieren tener la profesión del padre, de la madre, o de alguien cercano, que de alguna manera los influencia.

Claro que existen otros tipos de influencia. Los medios de comunicación son una de ellas. Hoy, muchos niños quieren ser jugador de fútbol, actriz, modelo, cantante, en fin. Ellos quieren ser todo.

Sin embargo, muchos de esos sueños no van más allá que de fantasías de la infancia, que, con el pasar del tiempo,  van siendo olvidadas y sustituidas por otras. El problema es cuando esos sueños son dejados de lado porque, al volverse adulta, la persona se considera incapaz de alcanzarlos.

Cuando eso sucede, viene la frustración, y con ella el complejo de inferioridad, la baja autoestima y la insatisfacción personal.

En el intento de llenar ese agujero dejado, la persona prepara un llamado plan B, un sueño más “alcanzable”. El siguiente paso es convencerse a si mismo de que el sueño “original” no era para ella. El plan B sí, está a su altura.

La vida sigue y ella continúa, día tras día, intentando convencerse a sí misma de que el objetivo dejado atrás es realmente cosa del pasado, y ya no tiene importancia. Incluso llega a creer eso. Pero la verdad es que el sueño sigue allá, dormido, cubierto de telarañas, pero aun latente en su interior.

Pero no es solo eso. Esa es solo la punta del iceberg.

Proverbios 13:12 dice:

La esperanza que se demora es tormento del corazón; pero árbol de vida es el deseo cumplido.

En ese pequeño versículo encontramos la causa de tantas frustraciones, infelicidades y amarguras. Un deseo no realizado atormenta el alma, pero cuando se cumple, nuestra vida florece.

Quizás cuando era pequeño habrá escuchado a sus padres decir que no podía tener eso o lo otro. Que lo mejor era conformarse, ya que nunca podría ser alguien en la vida. Ellos no decían eso por mal, o quizás ni lo dijeron verbalmente, pero sus actitudes ante la vida lo hicieron creer de esa manera, y, entonces, usted creció lleno de limitaciones e imposibilidades que terminaron reflejándose en todas las áreas de su vida.

¿Cuántas veces usted ya intentó, en vano, cambiar una actitud, un comportamiento? Usted sabe que esa no es la mejor manera de actuar, pero no logra hacerlo de otra manera.

Quizás usted esté cansado. Cansado de las mismas actitudes, de los mismos errores, de los mismos intentos de cambio, de las promesas vacías – aquellas que usted se hace a sí mismo, pero que siempre terminan cayendo en el olvido, así como los sueños que desistió de soñar.

El cambio exige firmeza de pensamiento. Es necesario escoger entre aceptar vivir postrado y predestinado al fracaso, bajo el pretexto de que usted no puede hacer nada para cambiar el curso de su vida, o decidir cambiar de una vez su historia, considerando lo que Dios le dijo a Josué:

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que Mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Josué 1:7

Alimente en su interior el coraje, sea audaz. Dispóngase a luchar sin tregua. No saque el foco de su objetivo. Luche. No acepte nada diferente de lo que se haya propuesto. Venza. Sobre todo a sí mismo. El cambio interior es el trampolín que va a impulsarlo y a dirigirlo a las conquistas exteriores.

¿Hasta cuando va a conformarse con el plan B?

No existe sueño imposible, existe sueño descuidado. Y, en ese caso, ni el mismo Dios podrá realizarlo.