Primer Santa Cena del Señor en el Templo de Salomón

Primer Santa Cena del Señor en el Templo de Salomón

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Generalmente ¿qué nos hace recordar a alguien que amamos? Cuando sentimos un perfume o tocamos un objeto que perteneció a aquella persona, o al mirar una fotografía de ella. Pero para recordar al Señor Jesús la dirección fue otra. Un pedacito de pan y un cáliz de jugo de uva harían mención de Su cuerpo y de Su sangre, que fueron dadas en sacrificio por nosotros. No solamente Lo recodaríamos a Él,  sino lo que Él hizo.

Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;  y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es Mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de Mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre;  haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de Mí. ” 1 Corintios 11:23-24, 25

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga.” 1 Corintios 11:26

Y así es celebrada la Santa Cena del Señor, una de las principales ceremonias de la iglesia cristiana. Más de 10 mil personas participaron de la primera Santa Cena realizada en el Templo de Salomón, el último 30 de noviembre, comiendo del pan y bebiendo del cáliz.

No debemos “aceptarlo”  

“Preguntamos ¿a quién le gustaría aceptar al Señor Jesús?, pero ese pensamiento está mal.  Al final, si somos nosotros los pecadores y Él el Ser perfecto, ¿no debería ser justamente al contrarío, no debería aceptarnos Él? Esa ha sido la reflexión traída por el obispo Macedo. Fue en esa propuesta que antes de la participación en la Santa Cena las personas fueron invitadas a entregar sus vidas al Señor Jesús, reconociendo su condición de no merecedoras de tan gran privilegio. Centenas de personas fueron delante del Altar a hacer esa entrega.

Participar de la Santa Cena es exponer la elección de formar parte de la Iglesia (cuerpo) del Señor Jesús, y eso no tiene sentido alguno si la persona todavía no se decidió a entregar su vida en el Altar de Dios.