¿Por qué hay reglas para entrar en el Templo?

¿Por qué hay reglas para entrar en el Templo?

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Quien ya fue a un show de una banda famosa conoce bien el escenario: hacer filas kilométricas, enfrentar el calor o el frío, sentir sed, hambre, dolor en las piernas e incluso dormir en carpas. Pero todo ese sacrificio no es encarado como una dificultad por los fans. Al contrario, muchos alegan que están viviendo el mejor momento de sus vidas.

Lo mismo ocurre en algunas religiones en las cuales sus adeptos nunca tuvieron problemas para seguir las reglas establecidas por sus creencias al visitar los ambientes considerados sagrados. Siguen reglas claras y que no pueden ser violadas de ninguna forma.

Aunque la reverencia sea muy común en diversas religiones por el mundo, no siempre es dada al Dios creador de los Cielos y de la Tierra por Sus seguidores, cuando buscan Su presencia en sus templos.

Por eso, para concientizar a los cristianos sobre la importancia de la santidad en el culto a Dios, en el Templo de Salomón, en el barrio de Brás, algunas reglas para la visita fueron establecidas. Allí no está permitido entrar con celular, máquina fotográfica y comida. Mucho menos conversar y quedarse caminando por el salón. “El Templo de Salomón no es para turismo, no es para un paseo, no es para un encuentro con otras personas. El Templo de Salomón es para el encuentro con Dios”, explica el líder de la Universal, el obispo Edir Macedo.

Toda esta organización ha sorprendido y hecho muy bien para quien ya visitó la gran obra. Elaine Lobato, de 34 años, es una de esas personas y garantiza que consiguió concentrarse en lo que fue dicho por el obispo durante la reunión, pues estaba totalmente desprendida de las interferencias externas. “La preparación, que acontece antes de que usted entre, hace que se desconecte de todo y piense solo en Dios. No hay un celular sonando, nadie conversando, ningún niño llorando, en fin, el silencio de todos en respeto a Dios convierte al ambiente en un pedacito del Cielo. Por eso, toda organización y las reglas solo me beneficiaron, pues me acercaron aún más a Dios”, concluyó.