“Por el cáncer mi vida podía terminar en cualquier momento”

“Por el cáncer mi vida podía terminar en cualquier momento”

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Graciela Galván hoy sonríe porque descubrió el poder de Dios y toda su vida cambió completamente.

Su abuela la crió y a los 10 años volvió a vivir con su mamá que era alcohólica. “Ella se peleaba con su marido y se desquitaba conmigo. Era muy triste, ella tomaba desde que se despertaba hasta que se iba a dormir”, recuerda Graciela.

En la adolescencia conoció a su marido y a los dos años de vivir juntos él comenzó a tener malas compañías y a involucrarse con el alcohol. “Quería una vida normal pero él salía los viernes mientras yo me quedaba en la casa con los chicos, y él siempre regresaba alcoholizado. Como gastaba todo el dinero en el vicio yo tenía que salir a pedir para darle de comer a mis hijos. Lo odiaba, pasaba una vida terrible a su lado.

Buscando una vida mejor vinimos a Buenos Aires y terminamos viviendo en una villa. Uno de mis hijos se involucró con la droga y la delincuencia, un día me llamaron de un instituto de menores para avisarme que había delinquido. Ahí me di cuenta de lo que sucedía. Mi marido no trabajaba y por su problema de alcohol tampoco cuidaba a los chicos”, agrega y resalta que su salud tampoco estaba bien. Sufría con hemorragias, le hicieron estudios y le diagnosticaron cáncer de útero.

“Estuve tan mal, tan débil que ni siquiera podía caminar. Mi hijo de 14 años estaba en las drogas, tres hijas se me fueron de la casa porque no soportaban las peleas, mi familia estaba destruida. Pensaba en suicidarme, estaba por hacerlo y justo escuché la radio, tomé el vaso con agua consagrada y esa noche pude dormir, yo estaba depresiva y esa mañana me desperté diferente. Mi hijo menor me insistió para que vaya a la Universal.

Al participar de las reuniones lloraba porque estaba muy angustiada. Si bien estaba con hemorragias, fui igual y al regresar a mi casa no tenía más hemorragias. Lloraba de alegría, había comprobado el poder de Dios en ese momento. Paulatinamente todo fue cambiando, Dios restauró mi salud, mi familia y mi vida económica también. Hoy tengo un matrimonio bendecido y una estabilidad nunca antes pensada”.