Pedro

Pedro

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El discípulo transformado por el Espíritu Santo

El apóstol Pedro tiene una de las facetas más interesantes de la Biblia. Se trataba de una persona que tenía todos los defectos: impulsivo, intolerante, egoísta, miedoso, interesado e inconstante. Él estuvo presente en todas las situaciones que pasó Cristo y, casi siempre, se metía en algún  problema o decía algo fuera de lugar.

Pedro era un pescador y fue para adelante desde que él y su hermano recibieron la invitación de seguir al Maestro en la playa. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron (Mateo 4:20)

Pedro siempre era citado en primer lugar cuando se referían a los 12 apóstoles. Cuando Jesús indagó a los discípulos acerca de quién pensaban que era, Pedro reconoció que Cristo era el hijo de Dios y recibió un elogio de Jesús. Pero más tarde, ese hombre, que no se conocía a sí mismo y que era guiado por sus emociones, le pidió a Jesús que tuviera compasión de su propia vida y no muriera por el hombre (lea Mateo 16:22).

Pedro le pidió a Jesús caminar sobre las aguas, pero la duda lo hizo ahogarse. Le dijo a Cristo que daría la vida por Él, pero después lo negó y lloró amargamente al constatar que Jesús tenía razón.  Cristo no le dijo a Pedro que lo iba a negar, porque podía prevenir lo que iba a suceder; sino porque conocía a Pedro y sabía cuan impetuoso, irracional y emotivo era.

En la ceremonia del lavatorio de los pies, primero, Pedro pregunta si Jesús podría lavar sus pies (lea Juan 13:6-9). Después dudó y le dijo que no lo dejaría. Luego, frente a la respuesta de Cristo, al decirle que Si no lo lavara, no tendría parte con Él. Pedro le pidió que no sólo lave sus pies, sino también las manos y la cabeza.

Es posible cambiar

El nombre Pedro significa piedra, y él era, literalmente, una piedra en el camino de Jesús. Pero Cristo, con su mirada de Amor, que no mira lo que somos, sino en lo que nos transformaremos, lapidó esa piedra bruta en una joya rara. Jesús es así. Él no desiste del hombre.

Después de la resurrección, Jesús aparece a los discípulos (lea Juan 21). En una de esas apariciones, la Biblia dice que Pedro volverá a ejercer su antigua profesión. Y que después de pasar la noche entera pescando, no agarró nada. La mañana siguiente, Jesús se les apareció y no lo reconocieron. Después de darse cuenta que el que estaba allí era el Maestro, y después que Jesús les preguntara si estaban con hambre les dijo que volvieran a pescar y ellos lanzaron las redes al mar. Era la tercera vez que Jesús se presentaba a los discípulos después de resurgir de la muerte.

Para entonces Jesús le pregunta a Pedro: ¿“Tu me amas”?. Al igual que había hecho Pedro, quien llegó a negarlo tres veces, Jesús lo interroga en la misma medida; y a cada respuesta afirmativa le pedía que cuidara sus ovejas, que apacentara su rebaño. Finalmente Jesús, le pide a Pedro, una vez más, que lo siga.

Un nuevo hombre

Pedro había tenido una oportunidad más. Jesús no tuvo en cuenta el pasado de Pedro. No le recriminó las veces que lo negó. Jesús miró el corazón de Pedro. Sabía que si aquel hombre rudo  permitía que el Espíritu Santo hiciera morada en su ser, haría mucho más de lo que él mismo podría imaginar.

Pedro era inculto y analfabeto según lo describió Lucas, en Hechos 4:13. Pero ese hombre que antes  era tímido e impulsivo, logró hablarle a una multitud. El que antes no tenía fe y se ahogó aun cuando caminaba con Cristo, ahora estaba cimentado en la Roca y operaba milagros. En hechos 2:4 hace un discurso a la multitud después de Pentecostés.

Podemos comprobar el cambio de Pedro. En los cuatro evangelios, se señalan todos sus defectos. Un hombre rudo, grosero, que no pensaba en las consecuencias. A partir del libro de Hechos, él se transformaba en un nuevo hombre.

Una nueva historia

En la Epístola de 1 Pedro 1:1, el comienza diciendo: Pedro, apóstol de Jesucristo…” En el versículo 3 dice que la misericordia de Cristo lo regeneró a una viva esperanza.

Ese hombre enfrentó la prisión, a las autoridades de la época con mucha elocuencia, y no negó más a Cristo. Al contrario, hablaba todo el tiempo del amor de Dios, aun cuando corría peligro.

El hombre rudo empezó a hablar de amor, de esperanza, de bondad, alegría y de que siempre es necesario manifestar y hablar del nombre de Aquel que nos envió.

Al igual que Pedro, hay mucha gente que dice seguir a Jesús, pero aun carga rencores y todos los sentimientos del viejo hombre. Personas que actúan por impulso, que viven según sus emociones y que creen que la solución de sus problemas está en sus manos.

Pero, basta un encuentro con Dios para que el enredo de nuestra historia cambie. Solo Su poder hace posible la transformación del corazón de una persona.

Aun hay esperanza. Aún hay tiempo para un cambio. Jesús tiene el poder de lapidar corazones, de transformar el carácter, de cambiar personalidades. De transformar el viejo hombre en una nueva criatura.

Tal vez, al igual que Pedro, usted haya desistido después de haberse equivocado. Pero una vez más Él le pide que deje la red y lo siga. Pedro comenzó su historia como pescador de peces. Todos sus defectos fueron puestos a prueba durante el tiempo que convivió con Jesús. Pero ese hombre se despide de las páginas de la Biblia como un modelo a seguir, indicándonos que crezcamos en la gracia y conocimiento de nuestro Salvador Jesucristo, y convirtiéndose en un pescador de almas.

La vida del apóstol Pedro comprueba que es posible cambiar nuestro carácter. Su ejemplo demuestra que cuando el Espíritu Santo toma posesión de nuestra vida, suceden verdaderos milagros.

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