Noemí: un ejemplo de suegra

Noemí: un ejemplo de suegra

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La mujer lleva al hombre hasta la presencia de Dios, a Su plenitud, pero también puede servir como instrumento para llevarlo a lo más profundo del infierno. El propio Rey Salomón lo dijo. Sus palabras eran de un hombre de Dios, pues tenía el Espíritu de Dios sin embargo, después, se desvió por un camino totalmente adverso.

Mientras fue de Dios, Salomón escribió: ” Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso.” Eclesiastés 7:26.

¿Qué es peor que la muerte? A mis ojos, solo la segunda muerte, la muerte eterna.

Salomón conocía muy bien el tema, pues tenía 700 mujeres y 300 concubinas. Aun frente a toda su sabiduría, todo su reinado y toda su gloria, terminó cayendo en desgracia por ellas. En otra ocasión dijo: “… lo que aún busca mi alma, y no lo encuentra: un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas éstas nunca hallé.” Eclesiastés 7:28.

Aun así es necesario hacer aquí una excepción: la mujer de Dios no es nada de eso; su corazón no es lazo ni red. Ella refleja la imagen de Dios y lleva al hombre a conquistas extraordinarias porque es fuerte, aunque ni siquiera se la vea. Su fuerza anónima hace del hombre un conquistador.

El propio Salomón dijo: “La mujer sabia edifica su casa…” Proverbios 14:1 y ” Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.” Proverbios 31:10. Cuando la mujer es de Dios, es virtuosa y bendice al hombre.

Entre las mujeres de Dios, las cuales encontramos en Su Palabra, hay una a la que tenemos que sacarle el sombrero: Noemí. Ella y su esposo, Elimelec, vivían en Belén de Judá. Hubo hambre en esa tierra y ellos se mudaron  con sus dos hijos, al país de los moabitas, quienes eran idólatras y les ofrecían a sus dioses sacrificios humanos.

Sus hijos se casaron en aquella Tierra. Más tarde murieron Elimelec y sus hijos, quedándose Noemí sola con sus dos nueras. Una se llamaba Orfa y la otra Rut. Noemí las llamó y les aconsejó que regresaran a la casa de sus padres, ella también regresaría a su tierra, ya que no tenía más nada que ofrecerles. Orfa lloró mucho, pero terminó de acuerdo con su consejo.  Rut, le dijo: “…  No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos.” Rut 1:16-17. Pero ¿qué era lo que esta suegra tenía de especial al punto de que su nuera estuviera determinada a seguirla y llegara a morir por ella? Justamente el carácter de Noemí. Naturalmente ella les enseñó la fe a sus nueras, el fervor a Dios y dio un ejemplo de mujer virtuosa. Eso produjo que las nueras desearan seguir a Noemí. Ella, indiscutiblemente, conquistó el corazón de sus nueras.

Que Dios bendiga a todos abundantemente.