“No veíamos una forma de solucionar nuestros problemas”

“No veíamos una forma de solucionar nuestros problemas”

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Ana María Velazco y Serafín Bustos hoy disfrutan de un matrimonio armonioso, sin embargo, no siempre fue así, ella era muy celosa y siempre estaba buscando un motivo para discutir con él. “Lo esperaba y le preguntaba dónde había estado, que había estado haciendo, por qué no había llegado antes, esto generaba muchas peleas entre nosotros. Además, se agregaron los problemas económicos, esto también generaba discusiones porque no nos alcanzaba el dinero y los chicos pasaban necesidades.

En lo personal, yo estaba muy deprimida, triste y angustiada, vivía llorando, no encontraba un momento de alegría, siempre tenía un motivo para llorar. Esto hacía que fuera agresiva con mis hijos, recuerdo que maltrataba a mi esposo y a mis hijos y no sabía qué hacer para cambiar la situación”, relata Ana y agrega que todo estaba destruido en sus vidas.

Serafín se esforzaba para que salieran adelante pero por más que trabajaba mucho, el dinero nunca era suficiente y el caos en el hogar aumentaba. Ellos no sabían cómo recomponer su matrimonio, cómo luchar juntos para vencer la adversidad, por eso, cuando escucharon en la radio la programación de la Universal, decidieron comenzar a participar de las reuniones de la iglesia. “Escuchamos un testimonio y eso nos dio fuerzas para acercarnos a la iglesia y comenzar a luchar. Escuchamos lo que el pastor nos orientó y lo pusimos en práctica. Así nuestra vida comenzó a cambiar poco a poco.

Participábamos de las reuniones, los días domingo buscábamos fortalecernos espiritualmente y yo empecé a cambiar. Se me fueron la tristeza y la angustia, ya no lloraba más, no estaba deprimida y en mi matrimonio todo estaba diferente. Ya no discutíamos, no le hacía más escenas de celos a mi esposo, antes tenía un cierto rechazo hacia él y eso ya no estaba, pude ver que estaba cambiando nuestra relación.

No fue un cambio de un día para el otro, tuvimos que perseverar, ser constantes en las reuniones y escuchar lo que nos orientaban para aprender a usar la fe que transforma todo. Domingo tras domingo estábamos en la presencia de Dios porque queríamos una nueva vida, gracias a esa perseverancia Dios nos dio la respuesta. Hoy en día mi matrimonio es una bendición, con mis hijos tenemos otro tipo de relación, podemos sentarnos a dialogar, es algo maravilloso. Económicamente salimos adelante, hoy tenemos nuestra camioneta y una estabilidad que nunca antes habíamos tenido”, afirma sonriendo.

Ellos disfrutan de un matrimonio completamente nuevo, en el que reina la paz y la confianza. Hoy ellos son completamente felices, pueden compartir todo, porque saben escucharse, comprenderse y apoyarse para encontrar la solución a cualquier problema que surja.