“No tenía con quién hablar de mis miedos y traumas”

“No tenía con quién hablar de mis miedos y traumas”

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Alejandra Cano comenzó con problemas desde muy pequeña, tenía mucho miedo a la hora de dormir, a medida que crecía los miedos aumentaban en intensidad. A raíz de un abuso que sufrió a los 9 años de edad se incrementaron los miedos. “Desde ese momento mi vida fue un infierno, aumentaron las inseguridades, lloraba, en sí, estaba depresiva y no tenía con quien hablar de mis miedos y traumas. Crecí y como en mi familia no había diálogo, me refugiaba en amigos, en bailes, trataba de llevar una vida normal, pero no lo lograba. Recién cuando llegué a la Universal pude liberarme de esa carga, porque una cree que es mejor no tocar el tema, que conviene dejarlo ahí y seguir adelante, sin embargo, hablar me liberó.

Recuerdo que sentía mucha vergüenza, cuando tuve mis hijos los cuidaba todo el tiempo porque no quería que les pasara lo mismo, era como un fantasma que siempre me perseguía. Hasta que no enfrenté eso no pude vivir tranquila”, cuenta.

Los traumas, la incomprensión de su familia y la depresión la hicieron darse cuenta de que tenía un gran vacío en su interior. “Cuando conocí a mi esposo, iniciamos una buena relación y decidimos formar una familia, llegó mi primer hijo y en ese momento comencé con problemas espirituales. Me daban ataques de nervios, vivía llorando y con insomnio. Todo eran problemas con mi esposo y como éramos muy orgullosos siempre discutíamos y ninguno daba brazo a torcer”, agrega.

Su marido se preocupaba por ella porque tenía ataques en la casa, le cambiaba la personalidad, hasta sentía presencias, por lo que la llevó a distintos lugares para que la ayudaran, gastaba mucho dinero en esto, pero no había una solución. “Viví así más de diez años, mi hijo mayor tenía convulsiones y había que hospitalizarlo, también el menor sufría debido a que no podía dormir de noche, tenía que dejar la luz prendida porque decía que había alguien debajo de su cama. No teníamos paz en mi casa”, describe y resalta que después de un año de ver el programa de la Universal en la televisión recién se acercó a buscar ayuda.

Participando de las reuniones logró liberarse de lo que la afectaba tanto, su matrimonio estaba destruido y gracias a la fe fue restaurado completamente. Las heridas en su interior fueron sanando paulatinamente y después de cinco años de perseverancia para superar todos los traumas, logró librarse de ese fantasma del abuso. Hoy, Alejandra sonríe nuevamente.