No se conforme con migajas

No se conforme con migajas

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Muchos alcanzan la prosperidad y lo ven como una bendición. Pero mientras reciben algo de Dios, pierden el objetivo. Esos beneficios se convierten en obstáculos para la bendición más importante de todas: la salvación. Quién no conoce una persona que se preocupó tanto por su vida material, que dejó la espiritual en segundo lugar. Incluso algunos llegaron a apartarse de la Iglesia por valorar más los placeres del mundo.

“Una cosa es recibir bendiciones en todas las áreas de la vida en este mundo, e incluso, servir como medio de bendiciones. Otra es recibir la bendición de las bendiciones: la plena certeza de tener su nombre escrito en el libro de la vida. Este privilegio es concedido por el Espíritu de Dios para servir como Su instrumento. Todas las bendiciones de la vida material son migajas delante de la grandeza de servir como morada del Espíritu de Dios”, completó el Obispo Macedo.

Ese es un error grande, pero hay otro considerable que es hacer lo opuesto: ocuparse exclusivamente en la salvación. Dejar de lado la lucha por las conquistas, que aportarán para que tenga una vida plena.

Es obvio que garantizar la eternidad al lado del Altísimo es prioridad, pero eso no minimiza la responsabilidad de trabajar para alcanzar otras bendiciones.
Algunos malinterpretan un versículo bíblico que está en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

“… primero el Reino de Dios”, o sea a Él como su verdadero Rey, para después llegar a las bendiciones financieras. Ese es el verdadero sentido del versículo, pero muchos lo entienden de forma religiosa, más que espiritual.

Un error lleva a otro, cuando pierde alguna de sus bendiciones o no llega a recibirla, un ser humano que no tiene a Dios como base, pierde el equilibrio.

El Obispo Macedo agrega: “Nada en este mundo, por lindo que sea, se compara con la plenitud del Espíritu Santo del Señor Jesús. No se conforme con migajas, con bendiciones que pueden ser maravillosas, pero no son suficientes. Sin el Espíritu Santo no somos capaces de soportar los golpes de la vida. Solamente Él puede darnos sustento en los momentos difíciles y nos da esperanza para seguir adelante”.