No basta convivir, tiene que nacer

No basta convivir, tiene que nacer

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Cuanto más el tiempo pasa, cuanto más examinamos las Escrituras, cuanto más confrontamos los acontecimientos de los tiempos de Jesús con los de la actualidad, vemos cuán semejantes son y cómo nuestro Señor, ya en aquel tiempo, les advertía a los discípulos al respecto de las situaciones que hoy oímos incansablemente que Dios nos advierte a través del obispo Macedo.
Estoy hablando del nuevo nacimiento.

No basta concurrir frecuentemente a la iglesia, recibir un milagro como la cura, un empleo, la bendición económica, vivir en la iglesia, hacer la Obra como obrero, evangelista, etc. Es necesario nacer de Dios. Nadie en este mundo convivió más cerca de Dios que los discípulos. La primera manifestación de la Santísima Trinidad se dio en una relación distante entre Dios y los hombres; por otro lado, la segunda se dio con Jesús al lado de los discípulos.

Observamos que 3 años equivalen a:
1.095 días, o
26.280 horas, o
1.576.800 minutos.

No se olviden, amigos, de “que para con el Señor un día es como mil años…” 2 Pedro 3:8

Imagínese convivir con Jesús durante ese tiempo. Verlo cara a cara, oír Su voz, comer con Él, verlo expulsando demonios, curando enfermos, resucitando a muertos, caminando sobre el mar… cuán maravilloso sería, ¿no es verdad?

Pero, aun así, no fue suficiente para los discípulos, pues era necesario que el Señor Jesús estuviese adentro de ellos, no al lado.

Al final de ese tiempo glorioso, Jesús le dijo a Pedro: “… tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.” Lucas 22:32

A Felipe, Él le dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no Me has conocido?” Juan 14:9

A Tomás, le dijo: “Pon aquí tu dedo, y mira Mis Manos; y acerca tu mano, y métela en Mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.” Juan 20:27

Solamente después de que Jesús los revistió con el Espíritu Santo, con la paz y con la alegría de la Salvación, ellos lograron proseguir enfrentando el infierno de las persecuciones, luchando contra el diablo y aumentando el número de salvos por toda la Tierra.

El Ayuno de Daniel es la gran oportunidad de que usted tenga al Señor Jesús adentro suyo a través del bautismo con el Espíritu Santo.
¡Aprovéchelo y sea feliz!

Que Dios los bendiga.

Colaboró Obispo Sergio Corrêa