Nelson Mandela

Nelson Mandela

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Capacidad para perdonar, influenciar a otros a hacer lo mismo y seguir adelante. Tales acciones no son tan fáciles como las palabras. Pero Nelson Mandela logró probarle al mundo que, aun después de casi 3 décadas de prisión, es posible dejar el pasado atrás.

Debido a una infección pulmonar, el viernes 5 de diciembre, el presidente africano Jacob Zuma, anunció la muerte del ex-presidente de Sudáfrica, a los 95 años. El hecho generó conmoción, no solo en el continente africano.

Mandela se volvió un ejemplo de dignidad, al estimular la reconciliación entre negros y blancos.

Él creía que las heridas hechas en el cuerpo las curaba el tiempo, pero a las invisibles, no. De esa forma, solo el perdón y el combate al egoísmo y la ignorancia podrían crear medios para alcanzar el fin de los dolores.

Madiba, como lo llaman cariñosamente los sudafricanos, decidió que la culpa y la amargura no serian los motores propulsores de su vida. Él alimentó el sueño de que los cambios podían construirse aun bajo los fuertes vientos de la adversidad.

La lucha por la igualdad

La admiración mundial nace con la lucha de Mandela en contra el apartheid. El brutal régimen político, que significa separación, comenzó en Sudáfrica alrededor de 1944 y se mantuvo hasta 1991. Una minoría blanca gobernaba a la mayoría, negros. Éstos no tenían derecho al voto ni a la propiedad. Les era negada la libertad de ir y venir, como también, la igualdad de oportunidades de vivienda, empleo y escolaridad.

En aquella época, todos los que discordaban con dicho régimen eran exilados o enviados a la prisión de Robben Island. El militante y abogado Nelson Mandela era uno de esos opositores, miembro del Congreso Nacional Africano (ACN). En 1964, fue condenado a prisión perpetua, después de ser acusado de traición. Allí, fue obligado a hacer trabajos forzados, como partir piedras. Sus cartas fueron censuradas y las visitas, supervisadas. Quedó apartado de todo y fue víctima de las más diversas ofensas que eran comunes hacia un terrorista – como se lo consideraba en ese período-, aun así preservó el respeto a las raíces de su pueblo e incluso por quien lo oprimía. El mensaje de lucha en contra del apartheid sin violencia, llamó la atención del mundo.

El 11 de febrero de 1990, después de la presión de grupos internacionales que pedían la liberación de Mandela, y la llegada del nuevo presidente Frederik de Klerk – quien también anhelaba una nueva Sudáfrica –  finalmente, llegó la libertad para el mito africano, a los 72 años.

El régimen racista llegó a su fin en junio de 1991. De esa forma, los negros recuperaron los derechos civiles y políticos.

A causa de las iniciativas pacíficas De Klerk y Mandela recibieron el Premio Nobel de la Paz, en 1993. El año siguiente, más precisamente el 27 de abril de 1994, Mandela fue elegido presidente y gobernó hasta 1999. Después continuó actuando en la política y en junio de 2004, a los 85 años, decidió que se dedicaría solamente a causas humanitarias.

Iniciativa Universal

La unión de esos dos hombres cambió la historia de un país. La Universal piensa igual y ha unido fuerzas con los más diferentes pueblos en la lucha contra los vicios, violencia y miseria.

Para el obispo Marcelo Pires, que coordina el trabajo de la Universal en Sudáfrica, la vida de Mandela representa el valor de la lucha por algo en lo que se cree. “Luchamos por las promesas bíblicas, que son el derecho para los que creen y, por encima de todo, por la salvación de nuestra alma. Si fuera necesario, estamos listos para enfrentar persecuciones, prisiones e infamias, todo eso porque sabemos en Quién hemos creído”, dijo el obispo.

Durante los viajes misioneros, el obispo Marcelo Pires destaca la influencia de la ideología difundida por Mandela. “Recientemente, estuve presente en tribus y aldeas de Uganda y en Kenia, donde los habitantes son de raza negra y fuimos recibidos sin ningún tipo de prejuicios. Debemos eso a Mandela”, explicó el obispo.

Miembros de la Universal de Sudáfrica y de la Fuerza Joven Universal participaron en una caminata por las calles de Johannesburgo, en homenaje al ex-presidente Nelson Mandela, en reconocimiento, sobre todo, a los mensajes de paz y unión proclamados por él.

 

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