Negarse a sí mismo

Negarse a sí mismo

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“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí; el que ama a hijo o hija más que a Mí, no es digno de Mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de Mí, la hallará.” Mateo 10:34-39

Cuando alguien quiere ser un cristiano auténtico tiene que estar dispuesto a sacrificar. Aquellos que dicen que no es necesario sacrificar están equivocados. Y el más grande de los sacrificios que se deben hacer es negarse a sí mismo para hacer la voluntad de Dios.

Ser cristiano no es llevar la Biblia debajo del brazo, sino estar dispuesto a obedecer lo que dice la Palabra de Dios.
“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.”
Jesús vino a traer espada, Él vino a traer guerra.
“Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.”

Cuando la persona llega a la iglesia con su vida destruida, desahuciada, en los vicios, empieza a liberarse, se bautiza en las aguas y, cuando toma la decisión de entregar su vida 100% a Dios y seguir al Señor Jesús, empiezan a levantarse contra ella amigos, familiares e incluso los seres queridos más cercanos.
Porque asumió la fe.
Cuando la persona estaba viviendo una vida desgraciada y sucia, la aceptaban, pero ahora se levantan en su contra… “los enemigos serán los de su casa”.

La Palabra no dice que la persona no debe amar a su familia, sino que no debe amarla más que a Él.
“El que ama a padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí; el que ama a hijo o hija más que a Mí, no es digno de Mí…”
Él tiene que ser el Primero. Él es el más importante. Él es el SEÑOR. Es el ÚNICO a ser adorado y debe estar por encima de todo y de todos.
“… y el que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí.”

Es muy fuerte esto, “tomar su cruz”. A veces llega el momento en que la familia hace que la persona deba escoger entre ellos y Jesús. Si escoge a Jesús, después los familiares irán llegando hasta Él. Si los escoge a ellos, se quedará sin Jesús y sin ellos.
Sin embargo, la cruz más pesada a tomar es la de negar la propia voluntad para hacer la de Él. La persona debe amar a Jesús más que a ella misma. Debe reconocer Su Señorío.

“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de Mí, la hallará.”
¿Qué significa hallar su vida? Hay quienes dicen: “Soy muy joven para entregar mi vida, tengo que aprovechar.” Y hacen lo que les place. Y se quedan con su vida.
Perder la vida es hacer lo que Él quiere, pero quien hace eso ¡mañana hallará la vida eterna!
Los que hoy hace lo que quieren, mañana perderán la vida eterna.
Lo más difícil para el hombre es negar su propio querer. Si le dan una bofetada él quiere devolver dos. Pero la voluntad de Dios dice que demos también la otra mejilla. Que oremos por los que nos hacen daño.
Los que dicen que hacer eso es tonto y siguen hallando su vida aquí, mañana perderán la eterna. La vida más importante no es la de acá, sino la eterna. Cien años bien vividos pasan volando, pero ¿y después?
Solo habrá dos lados. La vida eterna y con paz en la Nueva Jerusalén y la muerte eterna con tormento en el lago de fuego y azufre.
La persona que quiere estar del lado bueno, debe pagar el precio, entregarse 100% a Dios, quererlo más que a sí misma. Debe estar bien con Él y no preocuparse por nada, ni por la muerte, ya que si está vivo con Dios está y si muere con Dios se va.

No hay que estar afanados por lo material, como aquel hombre rico que estaba preocupado por ensanchar sus graneros para guardar sus riquezas… “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Lucas 12:20-21

Si la persona obedece a la Palabra de Dios, Él la cuida como promete en el Salmo 91:
El que habita al abrigo del Altísimo
morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo al SEÑOR: Esperanza mía, y castillo mío;
mi Dios, en Quien confiaré.
Él te librará del lazo del cazador,
de la peste destructora.
Con Sus plumas te cubrirá,
y debajo de Sus alas estarás seguro;
escudo y adarga es Su verdad.
No temerás el terror nocturno,
ni saeta que vuele de día,
ni pestilencia que ande en oscuridad,
ni mortandad que en medio del día destruya.
Caerán a tu lado mil,
y diez mil a tu diestra;
mas a ti no llegará.

¡Piense en esto!

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