Nada que Perder en un presidio en Sudáfrica

Nada que Perder en un presidio en Sudáfrica

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20160831

Obispo,

Recientemente, tuvimos la reunión anual en el presidio femenino de Pretória, a causa del mes de las mujeres en Sudáfrica. Las esposas de pastores hicieron una fiesta para más de 300 presas, que recibieron también productos de higiene.

La vicedirectora del Departamento de Seguridad y Servicio Correccional, en nombre del Departamento, estaba muy sensibilizada. Ella agradeció por todos los preparativos hechos por las esposas, mencionando que tratamos a las detenidas con respeto y amor.

Ese centro correccional alberga a las mujeres con las sentencias más largas y con los delitos más graves, como tráfico de drogas y homicidio. Tenemos allí a tres brasileñas, a cuatro peruanas, a una señora española, además de la población africana.

En esa oportunidad, los certificados de conclusión de los cursos “Nada que Perder 1 y Nadaque Perder 2” y una Biblia nueva fueron entregados a las que lo finalizaron. Cuando mi esposa, Marcia, dijo que estaría mandándole una foto a usted, ellas se reunieron y gritaron “Thank you, bishop Macedo!”.

Su mensaje de vida llegó a los más necesitados espiritualmente. En ese grupo de graduadas, tenemos dos casos de asesinato de los que no podemos mencionar los hechos. Aunque no podamos juzgarlas, estoy seguro de que usted va a sentir gozo al saber que, por medio del curso “Nada que Perder”, ellas han sido rehabilitadas.

Al final, Marcia dio un mensaje y también llevó el testimonio de Ludimila. Las lágrimas bajaban por el rostro de la joven, mientras les contaba a las detenidas que se veía a sí misma en cada una de ellas. Porque un día vivió tomada por el odio, sintiendo el gusto de sangre en la boca, enterrada en la bebida y en las drogas, y por eso pensó que nunca sería feliz. Sin embargo, decidió entregarse, sucia como estaba, oír la Voz de Dios y obedecer. Durante la oración de entrega, las detenidas lloraban abundantemente.

Hemos observado que el número de detenidas ha disminuido a cada año. Inclusive, la semana pasada, una más obtuvo su libertad y vino inmediatamente a la iglesia, porque dijo que necesita continuar en la fe y que no quiere volver más al error. La primera reunión sumó a más de 400 mujeres; y ayer fueron 276 y más de 30 oficiales carcelarias, que se unieron al programa y a las oraciones.

Dentro de un mes comenzaremos el curso “Nada que Perder 3”