Mujeres de la Biblia: Marta

Mujeres de la Biblia: Marta

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Querer hacer todo, participar de todo y, encima, de forma perfecta y armoniosa. Ese apuro y esa exigencia diaria de la mujer moderna es algo ya citado en la Biblia, principalmente cuando se lee sobre Marta (Lucas 10:38).

Cuando Jesús viajaba por la ciudad de Betania, las hermanas Marta y María Lo encontraron y Lo hospedaron en su casa. Marta estaba ansiosa por tener al Maestro en su hogar y preocupada por muchas actividades para agradarlo. Sin embargo, María se sentó a Sus pies y oía Su Palabra. Esa despreocupación molestó a Marta, al punto de pedirle a Jesús que le llamase la atención a María para que la ayude (Lucas 10:40).

Así como en muchas familias hay hermanos con personalidades diferentes, claro que María era más tranquila que Marta. Ambas amaban a Jesús, pero Lo servían de manera diferente, y Marta, con todo su apuro y ansiedad, quería que María fuese como ella y que la ayudase en los quehaceres.

Mantenga el foco

La ansiedad y la preocupación exagerada son características que forman parte de la vida de la mayoría de las mujeres de este siglo. Y Jesús, al percibir que Marta era así, le llamó la atención. No lo hizo para juzgarla o exponerla, sino para que ella observase cómo estaba actuando.

Marta era ansiosa, quería agradar de cualquier forma, tanto que para eso terminó hablándole de manera enérgica a Jesús.

La prisa del día a día ha hecho que las mujeres estén tan apuradas, queriendo “abrazar al mundo”, que terminan perdiendo el enfoque, y muchas veces, el equilibrio emocional, perjudicando al marido y a los hijos.

Jesús deja eso en claro cuando le llama la atención a Marta, diciéndole que estaba demasiado inquieta, haciendo muchas tareas al mismo tiempo, pero que lo más importante era oír la Palabra que salía de Su boca (Lucas 10:41-42).

La dirección correcta

La falta de enfoque, el exceso de preocupación y la ansiedad saca a alguna mujeres (y por qué no a algunos hombres) del centro de la voluntad de Dios.

María escogió la mejor parte, que no le sería quitada. La Palabra de Dios, cuando encuentra espacio, no puede ser robada. Pero cualquier arreglo, comida, dinero o incluso un bien material tan anhelado, puede echarse a perder, ser robado o consumido hasta el fin.

María le dio prioridad a la presencia de Jesús, para recibir directamente de Él una Palabra. ¿Quién no quería esta oportunidad? Y Marta estaba allí, en la misma casa, pero solamente preocupada por hacer la comida o por dejar todo arreglado.

Que sus ojos estén en la dirección correcta, para que su vida no se pierda en medio de tantas ocupaciones innecesarias. Use su apuro y su preocupación para oír y hablarles sobre Dios a todas las personas, así como Él dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15)

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