Matrimonios de la Biblia: Isaac y Rebeca

Matrimonios de la Biblia: Isaac y Rebeca

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Abraham, padre de Isaac, ya era de edad avanzada y quería encontrarle una mujer a su hijo. Para eso, le pidió a un siervo que fuese hasta su tierra natal y que encontrase a alguien especial por allá, y lo hizo jurar delante del Señor que así lo haría (Génesis 24:1-4).

Y fue lo que sucedió. Llegando a la ciudad de Nahor, el siervo se arrodilló y oró a Dios pidiendo una señal de aquella que sería la mujer ideal para Isaac (Génesis 24:12-14). Y, antes incluso de que él terminase de hablar con Dios, apareció Rebeca, y ella actuó conforme a la señal que el siervo Le había pedido a Dios (Génesis 24:15-21).

Después de eso, el siervo, sus hombres y camellos fueron hospedados en la casa de Rebeca. Su hermano Labán acompañó todo y, oyendo la historia de cómo Dios respondió la oración, le pregunto a ella si iría al encuentro de Isaac. Y rebeca aceptó.

La voluntad de Dios

Esta historia deja en claro que Dios tiene la persona perfecta para cada uno. Pero ¿cómo saber? Basta orar, esperar y luchar por este aspecto.

Abrahán tenía un deseo en su corazón y oró para que su siervo lograse encontrar una mujer para Isaac. Pero no solamente oró, sino que envió a alguien a hacer algo, ya que él mismo estaba incapacitado a causa de su edad.

Llegando allí, el siervo oró de nuevo y Le pidió señales a Dios. Incluso antes de terminar de orar, Dios ya le había respondido, o sea, Él solo estaba esperando una posición de fe para mostrar quién sería la mujer escogida para Isaac.

Pero no fue solamente eso, él esperó – y callado – para tener la seguridad de que la actitud de Rebeca era realmente una respuesta de Dios.

Por eso, no se desespere si Dios aún no le respondió ni le mostró quién será la persona indicada para que esté a su lado. Todo tiene su tiempo indicado, pero luche por merecerlo, ore, pida señales y, solo después de estar seguro, tome la iniciativa debajo de lo que Dios diga.

Él solo está esperando una posición suya, una oración, un acto de fe. No espere que caiga del cielo, pero tampoco tome actitudes precipitadas, sin la confirmación del Señor.

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