Más de 20 000 argentinos padecen problemas intestinales

Más de 20 000 argentinos padecen problemas intestinales

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La colitis ulcerosa pone en riesgo la vida de quien la padece

Es una afección que consiste en la inflamación y ulceración del revestimiento del intestino grueso y el recto. La causa se desconoce, sin embargo una falla del sistema inmunitario, el estrés o ciertos alimentos o bebidas pueden desencadenar síntomas. Esta enfermedad puede afectar a pacientes de cualquier edad, pero tiene mayor prevalencia en adultos.

Los síntomas pueden incluir:

-Dolor abdominal y cólicos.

-Un sonido de gorgoteo o chapoteo que se escucha en la zona del intestino.

-Sangre y posiblemente pus en las heces.

-Diarrea, desde solo unos cuantos episodios hasta diarrea muy frecuente.

-Fiebre

-Sensación de que necesita evacuar las heces, aunque los intestinos ya estén vacíos.

-Puede implicar esfuerzo, dolor y cólicos.

-Pérdida de peso

Esta enfermedad no tiene cura, la alternativa es extirpar completamente el intestino grueso, sin embargo, Flavia González fue sanada mediante su fe tras conocer el poder de Dios.

“La enfermedad no tenía cura”

salud01946 Flavia González sufrió un coma alcohólico cuando era adolescente, eso le trajo serias consecuencias. “Yo era muy nerviosa, no dormía, y tomaba mucha bebida blanca. Ese día me desmayé en un baño, mis amigos me encontraron y me llevaron al hospital”, cuenta.

Ella tuvo secuelas de ese coma alcohólico, empezó a tener úlceras sangrantes, gastritis e inflamación intestinal. “Iba al médico porque me dolía el estómago, un gastroenterólogo me diagnosticó colitis ulcerosa. No era normal en una persona joven, pero por haber tomado tanto tiempo y tanta bebida blanca, estaba sufriendo esta enfermedad. Todo lo que comía me caía mal, me constipaba y tenía deposiciones diarreicas o vomitaba. Pesaba 45 kilos, llegué a vomitar sangre y a tener diarrea con sangre, eso me asustó. Me hicieron todos los estudios y el médico me dijo que me iban a medicar de por vida”, reconoce.

Su mamá la invitó a la Universal. “Perseveré en las reuniones, fui teniendo paz, el peso que cargaba salió de mí y fui sanada. Dejé de tener el sangrado y el dolor en el estómago. Dios restauró toda mi vida”, afirma sonriendo.