Lugares de la Biblia – Río Nilo

Lugares de la Biblia – Río Nilo

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Hasta el 2008, el famoso río Nilo (foto) era el más extenso del mundo, según datos oficiales, pasando por 10 países africanos desde su naciente hasta su desembocadura en el mar Mediterráneo. Hoy, el río Amazonas, en América del Sur, es reconocido como el mayor contando con 140 kilómetros más, comprobado por las últimas investigaciones. La población de Egipto está asentada casi en su totalidad sobre las márgenes del Nilo, cuyas inundaciones anuales hacen su suelo fértil.

Fue en el curso del Nilo que, siendo aun un bebé, Moisés fue puesto dentro de una canasta y dejado a la deriva; más tarde sería encontrado por la hija del propio Faraón, adoptado y criado en la corte.

El río nace cerca de la línea del Ecuador, de la confluencia de otros tres ríos, el Nilo Blanco, el Nilo Azul y el Atbara. Su inicio se da, en el gigantesco lago Victoria, el mayor lago de África, entre Tanzania, Uganda y Kenia. Pero como el Victoria es abastecido por el río Kagera, se considera a este último, el verdadero punto de partida del Nilo.

Los antiguos egipcios llamaban al río Aur, “negro”, en alusión a la tierra de sus márgenes que quedaba oscura después de las inundaciones. Después de recorrer un largo camino, sus aguas arrastran todo tipo de materia orgánica y sales minerales desde las montañas, pantanos y regiones áridas y bañan Egipto, haciendo de su suelo, una tierra fértil, imprescindible para el país. Antes de terminar, se compone el Delta del Nilo en una región plana en forma de triángulo, con 160 kilómetros (km) de longitud y de 250 km de ancho; el delta es el resultado de la división del río en varios canales rumbo al Mediterráneo.

La dádiva del Nilo

En una ocasión, el historiador Heródoto (485-420 antes de Cristo) dijo que “Egipto es una dádiva del Nilo”; se refería a que la vida que floreció en ese reino, solo fue posible gracias al importante curso del agua. Anualmente, las lluvias provocan inundaciones que alcanzan kilómetros y kilómetros, hacia ambas márgenes, causando no sólo la abundancia de agua sino abundancia de peces y otros animales; además de toda la materia orgánica que enriquece el suelo haciéndolo fértil para la agricultura. En la antigüedad, hasta el calendario egipcio fue elaborado a partir del comienzo de las inundaciones. Incluso dichas inundaciones aportaban un área propicia para navegar.

A lo largo del río, se implantaron los “nilómetros”, medidores de las crecidas que orientaban la labranza. Cuando las aguas bajaban, dejando con su paso el suelo rico, empezaban las siembras. Las cosechas se hacían  antes de la siguiente temporada cuando volvían las inundaciones, al igual que hoy.

Con muchas cataratas a lo largo de su recorrido, el Nilo también tiene importantes represas, una de las más importantes es la de Assuão, construida por los ingleses entre 1899 y 1902, ampliada más tarde entre 1911 y 1934. A 8 kilómetros de la primera se construyó otra, esta vez fue la antigua Unión Soviética entre 1959 y 1970.

Era la principal vía de acceso al Egipto Antiguo, fue como una enorme ruta fluvial que sirvió de base para la ocupación del territorio ribereño, lugar que hoy acoge a importantes ciudades como la moderna capital del Cairo. Recién en 1770, el escocés James Bruce, logra detectar su naciente. Ya que hasta entonces lo que se sabía oficialmente era que nacía en el Lago Victoria, lago que fue resultado de la expedición del inglés Sir Richard-Francis Burton, acompañado por su colega John Hanning Speke, quien bautizó con ese nombre al mayor lago africano, en homenaje a la reina Victoria.

El origen de Moisés

El histórico río (repleto de leyendas y peligros reales, como la existencia de uno de los más grandes cocodrilos del planeta en alguno de sus trechos, y enfermedades como la malaria), una levita, en los tiempos relatados en la Biblia del libro del Éxodo, dejó secretamente una canasta con su bebé. Todo comenzó cuando el pueblo hebreo, esclavo de los egipcios, comenzó a crecer y a fortalecerse en sus tierras. Temiendo tal crecimiento, el Faraón dio orden a las parteras para que, si nacían niñas fueran preservadas, pero los niños deberían ser tirados al Nilo.

Una descendiente de la tribu de Levi tuvo un bebé del sexo masculino, y logró tenerlo durante 3 meses en secreto. Temiente a Dios, la mujer no quería dejar a su hijo. Pero, priorizando la seguridad de la familia, cumplió heroicamente la orden del monarca que oprimía al pueblo. Aunque, en realidad, se adaptó a su cumplimiento, depositó al niño en el río, en una cesta impermeabilizada con betún y alquitrán, para que sirviera como un pequeño barquito a fin de que flotara. La hermana del niño seguía de lejos la diminuta e improvisada embarcación y vio lo que sucedió: más abajo del curso del río se bañaba la hija del Faraón con sus criadas.

Al ver la canasta, la princesa ordenó a sus sirvientes que la rescataran y encontró al bebe. La hermana del niño se acercó sin identificarse. Como la hija del Faraón notó que el bebé era de los hebreos escuchó a la hermana del niño al sugerir que fuera amamantado por una hebrea. Ante el acuerdo de la princesa, la niña corrió a llamar a su madre. De esta forma, secretamente, el ama de leche del bebé era su propia madre que, inteligentemente guiada por Dios, logró estar cerca del hijo que había estado condenado a muerte. La hija del soberano egipcio adoptó al niño, bautizándolo Moisés por haberlo “sacado de las aguas”.

Creado en los palacios de Egipto, Moisés tuvo una instrucción noble, huyendo más tarde al lado de su pueblo de origen, los hebreos, transformándose en una de las figuras más importantes de la historia por liberar a su gente del Faraón, según las órdenes de Dios, y caminando con ellos 40 años por el desierto, rumbo a la Tierra Prometida.

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