Los problemas se quedan en casa

Los problemas se quedan en casa

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¿Qué sucede cuando un trabajador lleva los problemas que tiene en casa a la empresa? Probablemente termina en la calle. Esto fue lo que sucedió con Sandra y su esposo.

Su vida era un desastre, en el aspecto sentimental y en su economía estaba todo mal. Sufría con muchos nervios, celos y envidia. “Yo no lo dejaba ir a trabajar, a veces se lo prohibía, por eso perdió el trabajo. Yo desconfiaba de todo, en mi mente me hacía una película que me hacía pensar que cuando él se iba estaba con otras mujeres. Muchas veces, estando embarazada, me iba con él a trabajar. Me quedaba sentada observando lo que hacía. Lo controlaba mucho. Esto trajo problemas ya que lo perseguía y lo maltrataba y él con tal de estar bien hacía todo lo que le pedía, pero lo sometía demasiado. No lo dejaba visitar a la madre, ver a las hermanas, ni hablar con los primos”.

Esa actitud tuvo sus consecuencias, él perdió el trabajo y quedaron en la miseria total. No tenían ni para comer, pasaron muchas las necesidades. “Era humillante, tenía que esperar que mi mamá nos diera algo para comer. Después salimos a vender a la calle, todos los días teníamos que hacerlo para poder comer”, recuerda.

El momento más difícil que pasaron fue cuando dejó de comprarle pañales a su hijo para comprar cigarrillos. Ella necesitaba fumar veinte cigarrillos por día por los nervios y culpaba a su esposo
por la situación. Él llegó a plantearle la separación porque ya no la soportaba y ahí ella entendió lo que estaba sucediendo, que el problema era ella.

“No era normal lo que nos sucedía, yo estaba muy mal espiritualmente. Él era un profesional y tenía que salir a la calle para ganar algo de dinero”. Su mamá la invitó a la Universal y ella en principio no quería saber nada, pero cuando estuvo a punto de separarse decidió buscar una solución en Dios.

“Le propuse ir a la iglesia como último recurso porque yo quería cambiar y él aceptó. Me acompañó y participamos en las reuniones. Los resultados se vieron al poco tiempo, vencí el orgullo y cambié y a mi esposo le ofrecieron un trabajo. A los dos meses las cosas ya habían comenzado a cambiar. De a poco avanzamos, estudiamos, nos recibimos los dos y empezamos a trabajar por nuestra cuenta. Hoy tenemos nuestra casa, hay amor y comprensión en la pareja y paz en la familia. Todo cambió, hoy marcamos la diferencia”.

Por eso es necesario resolver los problemas en el hogar. Un trabajador que tiene una familia feliz rinde más.

Este lunes en el Congreso para el Progreso, usted tendrá la oportunidad de aprender más sobre diversos temas inherentes a la vida económica a las 20 en Av. Corrientes 4070, Almagro.

[fotos foto=”Cedidas / El Universal”]

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