Los olivos del Templo y lo que ellos tienen que ver con usted

Los olivos del Templo y lo que ellos tienen que ver con usted

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Con el fin de mostrar la santidad e identificar la propuesta espiritual de los elementos que estarán en el Templo de Salomón, que será inaugurado el próximo mes, iniciamos una serie que explorará las peculiaridades y los motivos de la presencia de cada uno en la construcción y hacer una relación de ellos con su vida.

En esta edición, hablamos de los olivos plantados en el Templo. Ellos estarán presentes en el jardín, con 12 ejemplares con más de 300 años, en un ambiente proyectado para llevar al visitante al tiempo antiguo y a sentirse aún más cerca de la Tierra Santa. Sin embargo, la elección de esta especie no fue hecha solo por ser típica de Israel.

El olivo tiene un gran historial bíblico y un fuerte valor espiritual. El Monte de los Olivos, en Jerusalén, fue testigo de eventos importantes de intimidad con Dios, de David y el pueblo de Israel. El propio Señor Jesús hizo de él un altar natural y lugar donde pasó las últimas noches de su vida. En las Escrituras ese árbol es citado muchas veces como referencia al pueblo de Dios, por sus atributos estructurales peculiares. Un ejemplo es el versículo de Oseas 14:6: “Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo…” Su hoja fue traída por la paloma lanzada por Noé luego del diluvio. O sea, el árbol fue capaz de vivir la gran inundación y, aun así, producir hojas verdes. Es un árbol vigoroso y con un admirable poder de recuperación.

La madera del olivo fue escogida para construir los Querubines del Templo, por tener vetas finas, que facilitan la manipulación artística. La increíble capacidad de ser adaptable al servicio es una de las principales características de esta planta. Sin embargo, su principal utilidad viene del fruto que produce: la aceituna. De ella es hecho el aceite utilizado para la Santa Unción de los líderes que gobernaron Israel y para la iluminación de los candelabros que iluminaban el Tabernáculo y, posteriormente, el Templo.

Conozca sus características y las lecciones que este árbol nos presenta:

Hojas: El árbol nunca queda totalmente sin hojas, incluso en otoño. Las hojas más viejas caen durante todo el año, dejándolo siempre renovado. Son ricas en nutrientes, que las vuelven eficaces en varios tratamientos.

Relación: La renovación de aprendizajes y conocimientos es muy importante. Sin embargo, usted nunca puede dejar que los preceptos espirituales se disipen con el tiempo. Con el fruto de su comunión con Dios, usted podrá ayudar a muchas personas y mantener siempre la reserva necesaria para su propio desarrollo.

Frutos: Es a través del fruto, la aceituna, que se produce el aceite de oliva. El aceite, además de ser rico en minerales y vitaminas, importantes para el organismo, era utilizado para la unción y tuvo la eminente función de ser usado para la iluminación de los candelabros del Templo de Salomón.

Relación: El aceite representa la presencia del Espíritu Santo, como un combustible que es capaz de iluminar en usted la llama que le trae el real sentido de vivir.

Tronco: Necesita mucho tiempo para crecer, aun así puede vivir centenas de años. Es muy robusto y resistente. Soporta fuertes vientos y tempestades. Incluso con el tronco torcido y viejo, el árbol no deja de producir hojas verdes y de dar frutos. Y aunque sea cortado y quemado surgen nuevas ramas de la raíz.

Relación: Cuando usted busca desarrollar una relación de confianza en Dios, adquiere la capacidad de superación y la seguridad delante de las mayores tormentas. Solamente Él es capaz de saciar sus carencias, incluso en los momentos de mayor dificultad.

Raíces: Toleran todo tipo de suelo, incluso los más hostiles. En la carencia de agua, el árbol desarrolla sus raíces, haciéndolas llegar a una profundidad de seis metros hasta alcanzar las capas freáticas, que traen el agua más pura y rica en nutrientes.

Relación: Usted puede adaptarse a cualquier situación, si su base estuviera alcanzando la fuente inagotable de la Palabra de Dios. Ella es responsable por el avivamiento de la fe, que a su vez le inspira a vencer cualquier circunstancia.