Los habitantes de Letonia aprenden a combatir el sufrimiento

Los habitantes de Letonia aprenden a combatir el sufrimiento

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La Unión Soviética está extinta desde 1992, pero sus problemas perjudican a los países del Este Europeo hasta hoy. Letonia es un triste ejemplo de eso, siendo uno de los países con más personas viviendo por debajo de la línea de pobreza – actualmente, el 26% de los letones tienen menos dinero que lo necesario para los gastos básicos, según la Unión Europea. Aunque sea un país independiente hace 23 años, el egoísmo permanece en la vida de los habitantes.

Es verdad que Letonia viene estrechando lazos con el Occidente en los últimos años y consiguió incluso volverse en miembro de la Unión Europea, sin embargo, es necesario más que eso para que la vida mejore por allí.

La Universal hace su parte desde que llegó al país, hace seis años. Con sede en la capital, Riga, les ha mostrado a los nativos cómo la fe puede ser usada de manera inteligente para transformar a las personas y al mundo.

El responsable por el trabajo de evangelización en la región, el pastor Vitaliy Suhov, destaca que la principal dificultad para alcanzar ese objetivo es la religiosidad extrema. “Aproximadamente el 98% de los letones son devotos de alguna religión tradicional local y aprenden que sufrir es un don dado por Dios y que existe una razón especial para pasar por dificultades. Así, se someten a vivir en la pobreza, a ser traicionados por sus cónyuges y a pagar penitencias y promesas absurdas”, explica.

Aleksey y Ana también fueron dominados durante un tiempo por esos pensamientos de aceptación incondicional. Además de eso, cuentan que en la adolescencia vivían metidos en líos e involucrados con malas compañías y, consecuentemente, sufrían con problemas emocionales, como la depresión. “Había conflictos constantes entre mis familiares. El tiempo pasó y comencé a sufrir también económicamente. Sentimentalmente no encontraba la felicidad. Mi vida era una sucesión de fracasos”, recuerda Aleksey.

Dentro de su hogar no había armonía y, en el intento de salir de allí, se involucró en una red de crisis económicas. Buscaba independencia, pero no conseguía empleo y, cuando conseguía, era mal remunerado, dependiendo irreversiblemente de sus padres y viendo que crecían sus deudas más y más cada día.

A su vez, Ana para atraer la atención se vestía vulgarmente y creaba intrigas. Cuenta que sentía un odio inexplicable y creía que nadie jamás gustaría de ella. A los 18 años, borracha y nerviosa, fue expulsada de la casa de su madre y fue amenazada con un cuchillo. Vivió errante hasta que un amigo la llevó a la Universal. Allí logró liberarse de los vicios, recomenzar, conoció a Aleksey y ambos tuvieron la vida renovada.

“Hoy estamos casados, tenemos nuestro propio negocio, una óptima relación con nuestra familia y muchos sueños. Dios solucionó todos nuestros problemas y creo que aún no llegamos al límite”, dice Ana.

Son historias como esta las que que incentivan a la Universal letona a mantener su actuación cada vez más activa, pues, cuando existe el deseo de cambiar en el ser humano, todo puede ser diferente.