Los dos Cimientos

Los dos Cimientos

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El Señor Jesús pregunta:
“¿Por qué Me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que Yo digo?” Lucas 6:46

No sirve de nada estar en la iglesia sin obedecer la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios no es para ser escuchada y aplaudida sino para ser obedecida y practicada.
Por eso Él dice: “¿Por qué Me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que Yo digo?”
Mejor sería que no Lo llamaran Señor y sí Lo obedecieran.
La obediencia es lo que debe practicar la persona que quiere ser una nueva criatura.

“Todo aquel que viene a Mí, y oye Mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante.
Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.”
Lucas 6:47-48

Quien trabaja en la construcción sabe perfectamente a qué Se refiere aquí el Señor Jesús.
La base de una casa es lo fundamental para que esta sea fuerte.
Podemos ver 2 casas que parecen iguales, pero si una está sobre la tierra tarde o temprano caerá y la otra que está sobre la roca permanecerá.

Jesús dijo que quienes escuchan Su Palabra y la practican estarán edificando su vida sobre la roca y no caerán.
Son aquellos que cuando pasan por luchas e injusticias no se desaniman.
Es normal que los cristianos pasemos por luchas, injusticias, dificultades, e incluso es bueno, porque nos fortalecemos en la fe.
Un buen soldado es fortalecido en la batalla.
Quienes cumplen con lo que dice la Palabra de Dios estarán firmes para soportarlo todo.

“Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.” Lucas 6:49

Cuando todo está bien muchos cantan y oran. Pero se conoce a una persona de Dios no cuando todo está bien, sino cuando vienen las dificultades y las batallas y ella sigue firme en la fe.

No es de Dios aquel que se golpea el pecho y dice: “¡Yo soy de Dios!”, pero se cae cuando el viento sopla con ímpetu. Ese está sobre la tierra.
Le encanta la Palabra y dice: “Qué Palabra maravillosa”, pero se olvida de que esa Palabra solo se cumple cuando se la obedece y se la practica.

Por eso lo más importante es obedecerla y practicarla.
No sirve de nada hacer como los que la conocen de tapa a tapa y no hacen lo que dice.
La Biblia dice que no hay que mentir y mienten, que no hay que tener malos ojos y los tienen, que hay que perdonar y no perdonan…

Jesús dice que hay dos tipos de personas: los que oyen y no hacen y los que oyen y hacen.
Para estar firmes no podemos ser oyentes olvidadizos. ¡Tenemos que practicar!
Porque cuando practicamos Su Palabra y nos rendimos a Él 100%, Él nos da Su Espíritu y, suceda lo que suceda, estamos fuertes para soportar todas las luchas.

Dios no nos manda las injusticias y las dificultades, pero las permite para que nos apeguemos a Él y así seamos fuertes. Como dijo Pablo:

“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:10

Si hay dos casas, una sobre la tierra y otra sobre la roca, el tiempo mostrará cuál es cuál. Cuando vengan los vientos impetuosos (las luchas), una caerá y la otra seguirá firme.

Tenemos que analizar si solo nos gusta la Palabra de Dios o la practicamos. Porque, aunque estemos en la iglesia, si solo la oímos y no la practicamos tarde o temprano podemos caer.

¡Poderoso es aquel que obedece! Y la Universal es muestra de eso. Pasó y pasa por persecuciones y luchas.
El Obispo Macedo fue despreciado, humillado, y la iglesia creció más y más, porque no está edificada sobre la tierra sino sobre la roca.
Hablan y hablan, y ella crece y crece.

¿Cuál es el secreto?
¡El secreto es que en la Universal se practica la Palabra de Dios y se vive sobre ella! Venga lo que venga permaneceremos porque el Espíritu Santo está con nosotros.

Por eso insistimos en que las personas tengan el Espíritu Santo.
Pero para que Él haga Su morada en la persona, ella tiene que obedecer.
Si la persona oye pero no obedece no sirve de nada… ¡Hay que obedecer!

Piense en eso.

Obispo Francisco Couto

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