“Llegué con depresión y pensamientos de suicidio”

“Llegué con depresión y pensamientos de suicidio”

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Adriana Lidia Martínez, estuvo agobiada por los problemas familiares, económicos y sentimentales. Durante su niñez tuvo que afrontar situaciones muy dolorosas. “Tengo 14 hermanos, mi papá no podía sostener una familia numerosa. Entonces, nos repartían a familiares. A los 11, fui a vivir con un hombre. Pasé por varios abusos y maltratos físicos y psicológicos.
A los 14 años, quedé embarazada. Pero él no quiso hacerse cargo del bebé. Me dio medicación para que abortará, pero no las tomaba. Me aferré a mi hija, le pedí a Dios que fuera una niña sana. Decidí no volver a mi casa porque no me iban aceptar, entonces mi media hermana fue mi apoyo, estuve con ella hasta que nació la nena, pero no podía seguir ayudándome y me quedé en la calle. Tuve que pedir comida y ropa. A veces, las personas me permitían pasar la noche. Así estuve dos años”.

Dolor y desolación

Adriana, soñaba con tener una familia. El sueño de alcanzar la felicidad se desvanecía. “Conocí un hombre con quien intenté formar un hogar. En un principio, parecía que todo iba bien, teníamos un supermercado y estábamos trabajando. Al año, ese castillo se desmoronó otra vez. Quedé embarazada, y me dio a elegir: ‘abortás o te hecho a la calle a vos y a tu hija’. Él me obligó a abortar.
Esa relación duró cuatro años, había mucha violencia, hasta que finalmente terminó. Estuve al borde la muerte varias veces, a causa de los abortos, quedé desmayada, tirada en el piso en un charco de sangre. Mi hija me dijo: ‘mami, despertarte’. Me había entregado a la muerte”.

Una segunda oportunidad

Adriana, había perdido las ganas de vivir, sus esperanzas y anhelos habían sido desbastadas por el dolor y la desolación. A la Iglesia llegué embarazada, con angustia, depresión y con pensamientos de suicidio. Decía ‘estoy en la miseria total, qué le voy a dar a mi hijo’. Pensaba ‘mejor me mato, mato al bebé y se termina todo’. Un día miré hacia el techo para colgar una soga y fue ahí que pensé en Dios. Recordé que mi vida podía cambiar. Empecé a orar, a luchar y el Señor me dio fuerzas para llegar nuevamente. Después de tanto dolor y de tanta desesperación me acerqué. No fue Fácil.
Logré superar todos los traumas de mi pasado. Estoy con nuevos proyectos de negocios y tengo mi casa. Todo lo que creí que no podía hacer, lo estoy logrando, paso a paso con fuerza y perseverancia. Luché y salí adelante”.

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