Lea la Biblia en 1 año – 97° día

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Conocer la Biblia es muy importante para todos nosotros, especialmente en los momentos más difíciles de nuestra vida, porque Dios habla con nosotros por medio de Su Palabra. El Espíritu Santo nos conduce, nos orienta, y cuando pasamos por tribulaciones, Él nos hace recordar lo que está escrito en la Biblia, una Palabra de Dios que nos conforte. Pero solo la recordaremos si la conocemos.

Por eso, elaboramos un plan para que usted lea la Biblia en 1 año. Si usted todavía no comenzó, haga clic aquí y empiece ahora, no lo deje para mañana. Usted verá cómo se transformará su vida.

Si usted ya está en este propósito, acompañe la lectura de hoy:

Levítico 10

1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante del Señor fuego extraño, que él nunca les mandó.

2 Y salió fuego de delante del Señor y los quemó, y murieron delante del Señor.

3 Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló el Señor, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.

4 Y llamó Moisés a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel tío de Aarón, y les dijo: Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario, fuera del campamento.

5 Y ellos se acercaron y los sacaron con sus túnicas fuera del campamento, como dijo Moisés.

6 Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que el Señor ha hecho.

7 Ni saldréis de la puerta del tabernáculo de reunión, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción del Señor está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés.

8 Y el Señor habló a Aarón, diciendo:

9 Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones,

10 para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio,

11 y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que el Señor les ha dicho por medio de Moisés.

12 Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar sus hijos que habían quedado: Tomad la ofrenda que queda de las ofrendas encendidas al Señor, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa.

13 La comeréis, pues, en lugar santo; porque esto es para ti y para tus hijos, de las ofrendas encendidas al Señor, pues que así me ha sido mandado.

14 Comeréis asimismo en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho mecido y la espaldilla elevada, porque por derecho son tuyos y de tus hijos, dados de los sacrificios de paz de los hijos de Israel.

15 Con las ofrendas de las grosuras que se han de quemar, traerán la espaldilla que se ha de elevar y el pecho que será mecido como ofrenda mecida delante del Señor; y será por derecho perpetuo tuyo y de tus hijos, como el Señor lo ha mandado.

16 Y Moisés preguntó por el macho cabrío de la expiación, y se halló que había sido quemado; y se enojó contra Eleazar e Itamar, los hijos que habían quedado de Aarón, diciendo:

17 ¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante del Señor.

18 Ved que la sangre no fue llevada dentro del santuario; y vosotros debíais comer la ofrenda en el lugar santo, como yo mandé.

19 Y respondió Aarón a Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su holocausto delante del Señor; pero a mí me han sucedido estas cosas, y si hubiera yo comido hoy del sacrificio de expiación, ¿sería esto grato al Señor?

20 Y cuando Moisés oyó esto, se dio por satisfecho.

Salmos 11

1 En el Señor he confiado; ¿Cómo decís a mi alma, que escape al monte cual ave?

2 Porque he aquí, los malos tienden el arco, disponen sus saetas sobre la cuerda, para asaetear en oculto a los rectos de corazón.

3 Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?

4 El Señor está en su santo templo; el Señor tiene en el cielo su trono; sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres.

5 El Señor prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.

6 Sobre los malos hará llover calamidades; fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.

7 Porque el Señor es justo, y ama la justicia; el hombre recto mirará su rostro.

Salmos 12

1 Salva, oh Señor, porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.

2 Habla mentira cada uno con su prójimo; hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón.

3 El Señor destruirá todos los labios lisonjeros, y la lengua que habla jactanciosamente;

4 A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos; nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?

5 Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el Señor; pondré en salvo al que por ello suspira.

6 Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.

7 Tú, Señor, los guardarás; de esta generación los preservarás para siempre.

8 Cercando andan los malos, cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres.

Proverbios 25

1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:

2 Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.

3 Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación.

4 Quita las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor.

5 Aparta al impío de la presencia del rey, y su trono se afirmará en justicia.

6 No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes;

7 Porque mejor es que se te diga: Sube acá, y no que seas humillado delante del príncipe a quien han mirado tus ojos.

8 No entres apresuradamente en pleito, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya avergonzado.

9 Trata tu causa con tu compañero, y no descubras el secreto a otro,

10 No sea que te deshonre el que lo oyere, y tu infamia no pueda repararse.

11 Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene.

12 Como zarcillo de oro y joyel de oro fino es el que reprende al sabio que tiene oído dócil.

13 Como frío de nieve en tiempo de la siega, así es el mensajero fiel a los que lo envían, pues al alma de su señor da refrigerio.

14 Como nubes y vientos sin lluvia, así es el hombre que se jacta de falsa liberalidad.

15 Con larga paciencia se aplaca el príncipe, y la lengua blanda quebranta los huesos.

16 ¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites.

17 Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que hastiado de ti te aborrezca.

18 Martillo y cuchillo y saeta aguda es el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio.

19 Como diente roto y pie descoyuntado es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia.

20 El que canta canciones al corazón afligido es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón echa vinagre.

21 Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua;

22 Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y el Señor te lo pagará.

23 El viento del norte ahuyenta la lluvia, y el rostro airado la lengua detractora.

24 Mejor es estar en un rincón del terrado, que con mujer rencillosa en casa espaciosa.

25 Como el agua fría al alma sedienta, así son las buenas nuevas de lejanas tierras.

26 Como fuente turbia y manantial corrompido, es el justo que cae delante del impío.

27 Comer mucha miel no es bueno, ni el buscar la propia gloria es gloria.

28 Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.

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