Lea la Biblia en 1 año – 96° día

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Conocer la Biblia es muy importante para todos nosotros, especialmente en los momentos más difíciles de nuestra vida, porque Dios habla con nosotros por medio de Su Palabra. El Espíritu Santo nos conduce, nos orienta, y cuando pasamos por tribulaciones, Él nos hace recordar lo que está escrito en la Biblia, una Palabra de Dios que nos conforte. Pero solo la recordaremos si la conocemos.

Por eso, elaboramos un plan para que usted lea la Biblia en 1 año. Si usted todavía no comenzó, haga clic aquí y empiece ahora, no lo deje para mañana. Usted verá cómo se transformará su vida.

Si usted ya está en este propósito, acompañe la lectura de hoy:

Levítico 9

1 En el día octavo, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel;

2 y dijo a Aarón: Toma de la vacada un becerro para expiación, y un carnero para holocausto, sin defecto, y ofrécelos delante del Señor.

3 Y a los hijos de Israel hablarás diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un becerro y un cordero de un año, sin defecto, para holocausto.

4 Asimismo un buey y un carnero para sacrificio de paz, que inmoléis delante del Señor, y una ofrenda amasada con aceite; porque el Señor se aparecerá hoy a vosotros.

5 Y llevaron lo que mandó Moisés delante del tabernáculo de reunión, y vino toda la congregación y se puso delante del Señor.

6 Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó el Señor; hacedlo, y la gloria del Señor se os aparecerá.

7 Y dijo Moisés a Aarón: Acércate al altar, y haz tu expiación y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el pueblo; haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos, como ha mandado el Señor.

8 Entonces se acercó Aarón al altar y degolló el becerro de la expiación que era por él.

9 Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre; y él mojó su dedo en la sangre, y puso de ella sobre los cuernos del altar, y derramó el resto de la sangre al pie del altar.

10 E hizo arder sobre el altar la grosura con los riñones y la grosura del hígado de la expiación, como el Señor lo había mandado a Moisés.

11 Mas la carne y la piel las quemó al fuego fuera del campamento.

12 Degolló asimismo el holocausto, y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él alrededor sobre el altar.

13 Después le presentaron el holocausto pieza por pieza, y la cabeza; y lo hizo quemar sobre el altar.

14 Luego lavó los intestinos y las piernas, y los quemó sobre el holocausto en el altar.

15 Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrío que era para la expiación del pueblo, y lo degolló, y lo ofreció por el pecado como el primero.

16 Y ofreció el holocausto, e hizo según el rito.

17 Ofreció asimismo la ofrenda, y llenó de ella su mano, y la hizo quemar sobre el altar, además del holocausto de la mañana.

18 Degolló también el buey y el carnero en sacrificio de paz, que era del pueblo; y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él sobre el altar alrededor;

19 y las grosuras del buey y del carnero, la cola, la grosura que cubre los intestinos, los riñones, y la grosura del hígado;

20 y pusieron las grosuras sobre los pechos, y él las quemó sobre el altar.

21 Pero los pechos, con la espaldilla derecha, los meció Aarón como ofrenda mecida delante del Señor, como el Señor lo había mandado a Moisés.

22 Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y lo bendijo; y después de hacer la expiación, el holocausto y el sacrificio de paz, descendió.

23 Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria del Señor se apareció a todo el pueblo.

24 Y salió fuego de delante del Señor, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.

Salmos 10

1 ¿Por qué estás lejos, oh Señor, y te escondes en el tiempo de la tribulación?

2 Con arrogancia el malo persigue al pobre; será atrapado en los artificios que ha ideado.

3 Porque el malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso, y desprecia al Señor.

4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

5 Sus caminos son torcidos en todo tiempo; tus juicios los tiene muy lejos de su vista; a todos sus adversarios desprecia.

6 Dice en su corazón: No seré movido jamás; nunca me alcanzará el infortunio.

7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua hay vejación y maldad.

8 Se sienta en acecho cerca de las aldeas; en escondrijos mata al inocente. Sus ojos están acechando al desvalido;

9 Acecha en oculto, como el león desde su cueva; acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo a su red.

10 Se encoge, se agacha, y caen en sus fuertes garras muchos desdichados.

11 Dice en su corazón: Dios ha olvidado; ha encubierto su rostro; nunca lo verá.

12 Levántate, oh Señor Dios, alza tu mano; no te olvides de los pobres.

13 ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás.

14 Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; a ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del huérfano.

15 Quebranta tú el brazo del inicuo, y persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna.

16 El Señor es Rey eternamente y para siempre; de su tierra han perecido las naciones.

17 El deseo de los humildes oíste, oh Señor; tú dispones su corazón, y haces atento tu oído,

18 Para juzgar al huérfano y al oprimido, a fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra.

Proverbios 24

1 No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos;

2 Porque su corazón piensa en robar, e iniquidad hablan sus labios.

3 Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará;

4 Y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable.

5 El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el hombre docto.

6 Porque con ingenio harás la guerra, y en la multitud de consejeros está la victoria.

7 Alta está para el insensato la sabiduría; en la puerta no abrirá él su boca.

8 Al que piensa hacer el mal, le llamarán hombre de malos pensamientos.

9 El pensamiento del necio es pecado, y abominación a los hombres el escarnecedor.

10 Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida.

11 Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte.

12 Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras.

13 Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, y el panal es dulce a tu paladar.

14 Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría; si la hallares tendrás recompensa, y al fin tu esperanza no será cortada.

15 Oh impío, no aceches la tienda del justo, no saquees su cámara;

16 Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal.

17 Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón;

18 No sea que el Señor lo mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su enojo.

19 No te entremetas con los malignos, ni tengas envidia de los impíos;

20 Porque para el malo no habrá buen fin, y la lámpara de los impíos será apagada.

21 Teme al Señor, hijo mío, y al rey; no te entremetas con los veleidosos;

22 Porque su quebrantamiento vendrá de repente; y el quebrantamiento de ambos, ¿quién lo comprende?

23 También estos son dichos de los sabios: Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno.

24 El que dijere al malo: Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones;

25 Mas los que lo reprendieren tendrán felicidad, y sobre ellos vendrá gran bendición.

26 Besados serán los labios del que responde palabras rectas.

27 Prepara tus labores fuera, y disponlas en tus campos, y después edificarás tu casa.

28 No seas sin causa testigo contra tu prójimo, y no lisonjees con tus labios.

29 No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra.

30 Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento;

31 Y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida.

32 Miré, y lo puse en mi corazón; lo vi, y tomé consejo.

33 Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir;

34 Así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado.

Acompañe la lectura del 95° día ingresando aquí.

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