Lea la Biblia en 1 año – 270° día

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Conocer la Biblia es muy importane para todos nosotros, especialmente en los momentos más difíciles de nuestra vida, porque Dios habla con nosotros por medio de Su Palabra. El Espíritu Santo nos conduce, nos orienta, y cuando pasamos por tribulaciones, Él nos hace recordar lo que está escrito en la Biblia, una Palabra de Dios que nos conforte. Pero solo la recordaremos si la conocemos.

Por eso, elaboramos un plan para que usted lea la Biblia en 1 año. Si usted todavía no comenzó, haga clic aquí y empiece ahora, no lo deje para mañana. Usted verá cómo se transformará su vida.

Si usted ya está en este propósito, acompañe la lectura de hoy:

2° Samuel 23

1 Estas son las últimas palabras de David. Declara David, el hijo de Isaí, y declara el hombre que fue exaltado, el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel:

2 El Espíritu del Señor habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua.

3 Dijo el Dios de Israel, me habló la Roca de Israel: “El que con justicia gobierna sobre los hombres, que en el temor de Dios gobierna,

4 es como la luz de la mañana cuando se levanta el sol en una mañana sin nubes, cuando brota de la tierra la tierna hierba por el resplandor del sol tras la lluvia.”

5 En verdad, ¿no es así mi casa para con Dios? Pues El ha hecho conmigo un pacto eterno, ordenado en todo y seguro. Porque toda mi salvación y todo mi deseo, ¿no los hará ciertamente germinar?

6 Mas los indignos, todos ellos serán arrojados como espinos, porque no pueden ser tomados con la mano;

7 y el hombre que los toque ha de estar armado con hierro y con asta de lanza, y por fuego serán consumidos completamente en su lugar.

8 Estos son los nombres de los valientes que tenía David: Joseb-basebet tacmonita, principal de los capitanes; éste era llamado Adino eznita, por los ochocientos que mató una vez;

9 y después de él, Eleazar, hijo de Dodo ahohíta, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla y se habían retirado los hombres de Israel.

10 El se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó y quedó pegada a la espada; aquel día el Señor concedió una gran victoria; el pueblo volvió en pos de él, pero sólo para despojar a los muertos.

11 Después de él, fue Sama, hijo de Age ararita. Los filisteos se habían concentrado en tropa donde había un terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido de los filisteos.

12 Pero él se puso en medio del terreno, lo defendió e hirió a los filisteos; y el Señor concedió una gran victoria.

13 Descendieron tres de los treinta jefes y fueron a David en la cueva de Adulam al tiempo de la cosecha, mientras la tropa de los filisteos acampaba en el valle de Refaím.

14 David estaba entonces en la fortaleza, mientras la guarnición de los filisteos estaba en Belén.

15 David sintió un gran deseo, y dijo: ¡Quién me diera a beber agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!

16 Entonces los tres valientes se abrieron paso por el campamento de los filisteos, y sacando agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta, se la llevaron y la trajeron a David; pero él no quiso beberla, sino que la derramó para el Señor,

17 y dijo: Lejos esté de mí, oh Señor, que yo haga esto. ¿Beberé la sangre de los hombres que fueron con riesgo de sus vidas? Por eso no quiso beberla. Estas cosas hicieron los tres valientes.

18 Y Abisai, hermano de Joab, hijo de Sarvia, era jefe de los treinta. Y éste blandió su lanza contra trescientos y los mató, y tuvo tanto renombre como los tres.

19 El era el más distinguido de los treinta, por eso llegó a ser su jefe; pero no igualó a los tres primeros.

20 Benaía, hijo de Joiada, hijo de un valiente de Cabseel, de grandes hazañas, mató a los dos hijos de Ariel de Moab. Y él descendió y mató a un león en medio de un foso un día que estaba nevando.

21 También mató a un egipcio, un hombre de apariencia impresionante. El egipcio tenía una lanza en la mano, pero Benaía descendió a él con un palo, y arrebatando la lanza de la mano del egipcio, lo mató con su propia lanza.

22 Estas cosas hizo Benaía, hijo de Joiada, y tuvo tanto renombre como los tres valientes.

23 Fue el más distinguido entre los treinta, pero no igualó a los tres; y David lo puso sobre su guardia.

24 Asael, hermano de Joab, estaba entre los treinta; también, Elhanán, hijo de Dodo de Belén,

25 Sama harodita, Elica harodita,

26 Heles paltita, Ira, hijo de Iques tecoíta,

27 Abiezer anatotita, Mebunai husatita,

28 Salmón ahohíta, Maharai netofatita,

29 Heleb, hijo de Baana netofatita, Itai, hijo de Ribai de Guibeá de los hijos de Benjamín,

30 Benaía piratonita, Hidai de los arroyos de Gaas,

31 Abi-albón arbatita, Azmavet barhumita,

32 Eliaba saalbonita, los hijos de Jasén, Jonatán,

33 Sama ararita, Ahíam, hijo de Sarar ararita,

34 Elifelet, hijo de Ahasbai, hijo de Maaca, Eliam, hijo de Ahitofel gilonita,

35 Hezrai carmelita, Paarai arbita,

36 Igal, hijo de Natán de Soba, Bani gadita,

37 Selec amonita, Naharai beerotita, escuderos de Joab, hijo de Sarvia,

38 Ira itrita, Gareb itrita,

39 Urías hitita; treinta y siete en total.

Gálatas 3

1 ¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado?

2 Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?

3 ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne?

4 ¿Habéis padecido tantas cosas en vano? ¡Si es que en realidad fue en vano!

5 Aquel, pues, que os suministra el Espíritu y hace milagros entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?

6 Así Abraham creyo a Dios y le fue contado como justicia.

7 Por consiguiente, sabed que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

8 Y la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham, diciendo: En ti seran benditas todas las naciones.

9 Así que, los que son de fe son bendecidos con Abraham, el creyente.

10 Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

11 Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque El justo vivira por la fe.

12 Sin embargo, la ley no es de fe; al contrario, El que las hace, vivira por ellas.

13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero),

14 a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe.

15 Hermanos, hablo en términos humanos: un pacto, aunque sea humano, una vez ratificado nadie lo invalida ni le añade condiciones.

16 Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: y a tu descendencia, es decir, Cristo.

17 Lo que digo es esto: La ley, que vino cuatrocientos treinta años más tarde, no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa.

18 Porque si la herencia depende de la ley, ya no depende de una promesa; pero Dios se la concedió a Abraham por medio de una promesa.

19 Entonces, ¿para qué fue dada la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador.

20 Ahora bien, un mediador no es de una parte solamente, ya que Dios es uno solo.

21 ¿Es entonces la ley contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Porque si se hubiera dado una ley capaz de impartir vida, entonces la justicia ciertamente hubiera dependido de la ley.

22 Pero la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen.

23 Y antes de venir la fe, estábamos encerrados bajo la ley, confinados para la fe que había de ser revelada.

24 De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe.

25 Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo ayo,

26 pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús.

27 Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido.

28 No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús.

29 Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa.

Ezequiel 30

1 Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo:

2 Hijo de hombre, profetiza y di: “Así dice el Señor Dios: ‘Gemid: “¡Ay de aquel día!”

3 ‘Porque cerca está el día, sí, está cerca el día del Señor; día de nubarrones, la hora de las naciones.

4 ‘La espada vendrá sobre Egipto y habrá angustia en Etiopía, cuando caigan traspasados en Egipto, se lleven sus riquezas y sean derribados sus cimientos.

5 ‘Etiopía, Put, Lud, toda Arabia, Libia, y el pueblo de la tierra en alianza caerán a espada con ellos.’

6 “Así dice el Señor: ‘Ciertamente caerán los que apoyan a Egipto, y se vendrá abajo el orgullo de su poder; desde Migdol hasta Sevene caerán a espada con él’ —declara el Señor Dios.

7 ‘Estarán desolados en medio de las tierras desoladas, y sus ciudades, en medio de las ciudades devastadas estarán.

8 ‘Y sabrán que yo soy el Señor, cuando ponga fuego a Egipto y sean destrozados todos los que le ayudan.

9 ‘Aquel día saldrán de mi presencia mensajeros en naves para aterrorizar a la confiada Etiopía; y vendrá angustia sobre ellos como en el día de Egipto; porque he aquí, viene.’

10 “Así dice el Señor Dios: ‘Acabaré con la multitud de Egipto por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia.

11 ‘El, y su pueblo con él, la más cruel de las naciones, será traída para destruir la tierra; sacarán sus espadas contra Egipto y llenarán de traspasados la tierra.

12 ‘Convertiré en sequedal los canales del Nilo y venderé la tierra en manos de malvados; desolaré la tierra y cuanto hay en ella por mano de extraños. Yo, el Señor, he hablado.’

13 “Así dice el Señor Dios: ‘Destruiré también los ídolos y haré cesar las imágenes de Menfis. Ya no habrá príncipe en la tierra de Egipto, y pondré temor en la tierra de Egipto.

14 ‘Asolaré a Patros, pondré fuego en Zoán, y ejecutaré juicios contra Tebas.

15 ‘Derramaré mi furor sobre Sin, la fortaleza de Egipto; también exterminaré a la multitud de Tebas.

16 ‘Y pondré fuego en Egipto; Sin se retorcerá de dolor, Tebas será destruida, y Menfis tendrá angustias cada día.

17 ‘Los jóvenes de On y de Pi-beset caerán a espada, y las mujeres irán al cautiverio.

18 ‘En Tafnes el día se oscurecerá cuando yo quiebre allí los yugos de Egipto, y cesará en ella la soberbia de su poderío; una nube la cubrirá, y sus hijas irán al cautiverio.

19 ‘Así ejecutaré juicios en Egipto, y sabrán que yo soy el Señor.’”

20 Y sucedió en el año once, el mes primero, el día siete del mes, que vino a mí la palabra del Señor, diciendo:

21 Hijo de hombre, he quebrado el brazo de Faraón, rey de Egipto, y he aquí, no ha sido vendado para curarlo, ni ligado con vendas de modo que cobre fuerzas para empuñar la espada.

22 Por tanto, así dice el Señor Dios: “He aquí, estoy en contra de Faraón, rey de Egipto; quebraré sus brazos, tanto el fuerte como el fracturado, y haré que la espada caiga de su mano.

23 “Dispersaré a los egipcios entre las naciones y los esparciré por las tierras.

24 “Fortaleceré los brazos del rey de Babilonia y pondré mi espada en su mano; y quebraré los brazos de Faraón, que delante de él gemirá con gemidos de un mal herido.

25 “Fortaleceré, pues, los brazos del rey de Babilonia, pero los brazos de Faraón caerán. Entonces sabrán que yo soy el Señor, cuando ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia y él la esgrima contra la tierra de Egipto.

26 “Cuando yo disperse a los egipcios entre las naciones y los esparza por las tierras, entonces sabrán que yo soy el Señor.”

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