Lea la Biblia en 1 año – 172° día

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Conocer la Biblia es muy importane para todos nosotros, especialmente en los momentos más difíciles de nuestra vida, porque Dios habla con nosotros por medio de Su Palabra. El Espíritu Santo nos conduce, nos orienta, y cuando pasamos por tribulaciones, Él nos hace recordar lo que está escrito en la Biblia, una Palabra de Dios que nos conforte. Pero solo la recordaremos si la conocemos.

Por eso, elaboramos un plan para que usted lea la Biblia en 1 año. Si usted todavía no comenzó, haga clic aquí y empiece ahora, no lo deje para mañana. Usted verá cómo se transformará su vida.

Si usted ya está en este propósito, acompañe la lectura de hoy:

Deuteronomio 26

1 Y sucederá que cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da por herencia, tomes posesión de ella y habites en ella,

2 tomarás las primicias de todos los frutos del suelo que recojas de la tierra que el Señor tu Dios te da, y las pondrás en una canasta e irás al lugar que el Señor tu Dios escoja para establecer su nombre.

3 Y te presentarás al sacerdote que esté en funciones en esos días y le dirás: “Declaro hoy al Señor mi Dios que he entrado en la tierra que el Señor juró a nuestros padres que nos daría.”

4 Entonces el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar del Señor tu Dios.

5 Y responderás y dirás delante del Señor tu Dios: “Mi padre fue un arameo errante y descendió a Egipto y residió allí, siendo pocos en número; pero allí llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa.

6 “Y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron y pusieron sobre nosotros dura servidumbre.

7 “Entonces clamamos al Señor, el Dios de nuestros padres, y el Señor oyó nuestra voz y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión;

8 y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con gran terror, con señales y milagros;

9 y nos ha traído a este lugar y nos ha dado esta tierra, una tierra que mana leche y miel.

10 “Ahora, he aquí, he traído las primicias de los frutos de la tierra que tú, oh Señor, me has dado.” Entonces las pondrás delante del Señor tu Dios, y adorarás delante del Señor tu Dios.

11 Y te alegrarás, tú y también el levita y el forastero que está en medio de ti, por todo el bien que el Señor tu Dios te ha dado a ti y a tu casa.

12 Cuando acabes de pagar todo el diezmo de tus frutos en el tercer año, el año del diezmo, entonces lo darás al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, para que puedan comer en tus ciudades y sean saciados.

13 Y dirás delante del Señor tu Dios: “He sacado de mi casa la porción consagrada y también la he dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda conforme a todos tus mandamientos que me has mandado; no he violado ni olvidado ninguno de tus mandamientos.

14 “No he comido de ella estando de luto, ni he tomado de ella mientras estaba inmundo, ni he ofrecido de ella a los muertos. He escuchado la voz del Señor mi Dios; he hecho conforme a todo lo que me has mandado.

15 “Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel y a la tierra que nos has dado, una tierra que mana leche y miel, como juraste a nuestros padres.”

16 El Señor tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y ordenanzas. Cuidarás, pues, de cumplirlos con todo tu corazón y con toda tu alma.

17 Has declarado hoy que el Señor es tu Dios y que andarás en sus caminos y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus ordenanzas, y que escucharás su voz.

18 Y el Señor ha declarado hoy que tú eres su pueblo, su exclusiva posesión, como El te prometió, y que debes guardar todos sus mandamientos;

19 y que El te pondrá en alto sobre todas las naciones que ha hecho, para alabanza, renombre y honor; y serás un pueblo consagrado al Señor tu Dios, como El ha dicho.

Salmos 117

1 Alabad al Señor, naciones todas; alabadle, pueblos todos.

2 Porque grande es su misericordia para con nosotros, y la fidelidad del Señor es eterna. ¡Aleluya!

Salmos 118

1 Dad gracias al Señor, porque El es bueno; porque para siempre es su misericordia.

2 Diga ahora Israel: Para siempre es su misericordia.

3 Diga ahora la casa de Aarón: Para siempre es su misericordia.

4 Digan ahora los que temen al Señor: Para siempre es su misericordia.

5 En medio de mi angustia invoqué al Señor; el Señor me respondió y me puso en un lugar espacioso.

6 El Señor está a mi favor; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?

7 El Señor está por mí entre los que me ayudan; por tanto, miraré triunfante sobre los que me aborrecen.

8 Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre.

9 Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en príncipes.

10 Todas las naciones me rodearon; en el nombre del Señor ciertamente las destruí.

11 Me rodearon, sí, me rodearon; en el nombre del Señor ciertamente las destruí.

12 Me rodearon como abejas; fueron extinguidas como fuego de espinos; en el nombre del Señor ciertamente las destruí.

13 Me empujaste con violencia para que cayera, pero el Señor me ayudó.

14 El Señor es mi fortaleza y mi canción, y ha sido salvación para mí.

15 Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos; la diestra del Señor hace proezas.

16 La diestra del Señor es exaltada; la diestra del Señor hace proezas.

17 No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor.

18 El Señor me ha reprendido severamente, pero no me ha entregado a la muerte.

19 Abridme las puertas de la justicia; entraré por ellas y daré gracias al Señor.

20 Esta es la puerta del Señor; los justos entrarán por ella.

21 Te daré gracias porque me has respondido, y has sido mi salvación.

22 La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la piedra principal del ángulo.

23 Obra del Señor es esto; admirable a nuestros ojos.

24 Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él.

25 Te rogamos, oh Señor: sálvanos ahora; te rogamos, oh Señor: prospéranos ahora.

26 Bendito el que viene en el nombre del Señor; desde la casa del Señor os bendecimos.

27 El Señor es Dios y nos ha dado luz; atad el sacrificio de la fiesta con cuerdas a los cuernos del altar.

28 Tú eres mi Dios, y gracias te doy; tú eres mi Dios, yo te exalto.

29 Dad gracias al Señor, porque El es bueno; porque para siempre es su misericordia.

Isaías 53

1 ¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del Señor?

2 Creció delante de El como renuevo tierno, como raíz de tierra seca; no tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos.

3 Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos.

4 Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido.

5 Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados.

6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.

7 Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió El su boca.

8 Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta que El fuera cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida?

9 Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca.

10 Pero quiso el Señor quebrantarle, sometiéndole a padecimiento. Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor en su mano prosperará.

11 Debido a la angustia de su alma, El lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos.

12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado, llevando El el pecado de muchos, e intercediendo por los transgresores.

Acompañe la lectura del 171° día ingresando aquí.