Las vestiduras nuevas

Las vestiduras nuevas

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Cuando nos preparamos para una fiesta, generalmente, tomamos un baño demorado, usamos el mejor perfume, arreglamos el cabello y vestimos ropas nuevas (o aquella separada para momentos especiales). Y con Dios, ¿cómo debemos estar?

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,  por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Hebreos 10:19-22

No sirve colocar una ropa limpia sin bañarse. Lo mismo sucede cuando alguien dice no tener pecados, con el corazón purificado, con “vestiduras nuevas y limpias”, pero escondido de todos, nutre pecados con pensamientos y voluntades insanas.

Limpiarse para estar con Dios no es una tarea fácil, y un “baño” diario búscandolo a Él, deseando entender sus enseñanzas, o al menos, intentando vivir bajo su Palabra. El mayor problema se da cuando la persona no se importa en estar sujeta y además está siempre vistiendo ropas nuevas para mostrar a los otros.

Es muy fácil hacerse el cristiano y no serlo de manera efectiva. Orar, ayunar, esperar la respuesta de Dios son actitudes muy laboriosas para aquellos que no quieren hacer el esfuerzo de tener las vestiduras realmente limpias.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera quede limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. Mateo 23:25-28

Que podamos tener una vida limpia para vivir con Dios sin pecados, sin manchas, sino abiertos diariamente parar el Espíritu Santo.

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