Las personas que se auto-elogian huyen de la realidad

Las personas que se auto-elogian huyen de la realidad

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Ellas exageran sobre sus propias cualidades

“Yo soy el más lindo, el más inteligente, el más exitoso, el mejor en todo lo que hago.” ¿Quién no conoce o ya convivió con alguien así? Esta relación, por más amigable que sea, es limitada, pues una persona que se auto-elogia no permite el intercambio con los demás.

Según el psicólogo Wilson Montiel, el auto-elogio en realidad es una represión, con el objetivo de desviarse de la realidad. “Es como si la persona necesitara justificarse en todo a través de una mentira o algo exagerado, huyendo de la realidad, pues lo que le gustaría ser está tan distante, y la posibilidad de llegar a eso es tan improbable, que ella miente para mantener su ego. La persona que se auto-elogia busca construir una imagen de ella misma delante del grupo.”

Sin embargo, esa búsqueda de burlar su propia realidad afecta la relación con el grupo. “Eso es porque no existe un intercambio y una unión con el otro, porque siempre quiere ser la elegida, la más linda, la mejor en todo, y nadie consigue convivir por mucho tiempo con una persona así. Ella quedará sin amigos y, cuánto más carente sea, más tendrá la necesidad de auto-elogiarse para escapar de esa realidad”, aclara Montiel.

El psicólogo también explica que, además de ese aislamiento social, la persona que se auto-valora crea una realidad que es únicamente de ella. “Esconde sus defectos, sustentando una perfección inexistente para cualquier ser humano, que está compuesto de virtudes y defectos. Aquel que es lindo, inteligente, extrovertido, entre otras cualidades, vivió un intercambio entre las personas con las que convivió. Nadie es perfecto solo.”

Saliendo de la represión

Aunque parezca un círculo vicioso, la  auto-valoración puede tener un fin. “La persona tendrá conciencia de que actúa de esa forma cuando oiga de otro el elogio que se haría a sí misma. El reconocimiento de sus cualidades tiene que venir siempre de los demás”, dice Montiel.

Pero él afirma que este es sólo el primer paso para salir de esa falsa realidad de perfección. “El segundo paso es que no le importe el elogio, y el tercero es aceptar sus límites y fallas. De esta forma, se volverá más humana, con límites, fallas, virtudes y defectos.”

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